Prof.
Dr José Rodríguez de Rivera /Dpto. Ciencias Empresariales/Universidad de Alcalá
Contenido:
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Ludwig Wittgenstein nació en Viena en 1889, hijo de un
próspero industrial del acero. En la casa paterna, Ludwig creció junto a sus
siete hermanos, en un ambiente rico en estímulos culturales y artísticos.
Brahms y Mahler, por ejemplo, eran huéspedes habituales de la familia.Ludwig
empezó estudios de ingeniería en la universidad de Berlín y los continuó en
Manchester, dedicándose a la investigación aeronáutica durante varios años.
Pero, después de leer los Principles of Mathematics, de Russell, sus
intereses pasaron de la aeronáutica y aerodinámica a los problemas de la
fundamentación de las matemáticas y, de ahí, a la lógica y a la filosofía. A partir de 1912 siguió estudios en Cambridge bajo la
dirección de Bertrand Russell y empezó a ocuparse intensivamente de la
investigación filosófica. Para poder concentrarse mejor en sus estudios, se
fue a vivir en soledad a Noruega. Allí le sorprendió el estallido de la
Primera Guerra Mundial y Wittgenstein se alistó como artillero en el ejército
austro-húngaro. Esto no le impidió seguir con sus reflexiones filosóficas,
que fue apuntando en una serie de cuadernos, de modo que, al final de la
guerra, cuando cayó prisionero de los italianos, tenía el manuscrito de su
Tratado lógico-filosófico prácticamente terminado. Esta obra fue publicada en
1921 en alemán y, un año más tarde, en versión bilingüe inglés-alemán con el
título latino de Tractatus logico-philosophicus. Tras repartir buena parte de la sustanciosa herencia
paterna entre sus hermanas y un grupo de artistas e intelectuales (Rainer
Maria Rilke, entre ellos), Wittgenstein llevó una vida austera y retirada,
primero como maestro de escuela en Austria y después como jardinero en un
convento de Viena entre los años 1920 y 1929. En este último año, Wittgenstein volvió a sus intereses
filosóficos y decidió reanudar sus estudios en Cambridge, donde, a instancias
de Russell, fue nombrado catedrático el año 1937, cargo que ocupó hasta 1947,
con excepción de un breve período en que ejerció como enfermero voluntario
durante la Segunda Guerra Mundial. Nacionalizado inglés en 1938, Wittgenstein murió de cáncer
en Cambridge el año 1951. En los últimos años de su vida redactó las
Investigaciones filosóficas, que serían publicadas póstumamente en 1953. Aunque de temperamento irritable, nervioso y depresivo,
Wittgenstein fue un hombre de una personalidad fascinante, que vivió
atormentado por su exigencia de autenticidad, por el trabajo y por la idea de
la muerte. Difícil para la convivencia social y con escasa estima por la
bondad y cualidades del ser humano, sintió a menudo la necesidad de aislarse
de la gente y de vivir en completa soledad. Wittgenstein estaba dotado de una gran sensibilidad
artística y musical y sus intereses abarcaban no sólo la filosofía y las
matemáticas, sino también la aeronáutica, la arquitectura y la escultura.
Aunque gozó del reconocimiento y amistad de los filósofos más importantes de
su tiempo, no se sentía a gusto dentro del mundo académico, y prefería vivir
en soledad. En el pensamiento de Wittgenstein pueden distinguirse dos
etapas. La primera viene marcada por la publicación del Tractatus
logico-philosophicus (1921-1922), en el que trata de dar una salida a los
problemas no resueltos del positi vismo clásico respecto a las matemáticas,
la ciencia y la filosofía. Para él, la filosofía no es un saber, sino una
actividad, y su finalidad es aclarar las proposiciones; así, la filosofía se
circunscribe a un análisis del lenguaje. La segunda etapa queda definida por su obra Investigaciones
filosóficas, publicada póstumamente en 1953. Este libro da origen a la
corriente denominada filosofía analítica, que centra su reflexión en el
estudio del lenguaje como único modo de resolver los problemas filosóficos. Además de las obras citadas, escribió Observaciones
filosóficas sobre los principios de las matemáticas (1956) y las notas a las
Investigaciones, conocidas con el nombre de Cuadernos azul y marrón (1958). El programa de Historia de la Filosofía de COU de la
Comunidad de Madrid propone dos textos de Wittgenstein para lectura y
comentario, uno del Tractatus y otro de las Investigaciones filosóficas. El texto sacado del Tractatus logico-philosophicus se compone
en realidad de varios fragmentos. El primero recoge la tesis ontológica
básica de esta obra: el mundo consta de todos los hechos y éstos son
causales, carecen de necesidad. El segundo plantea la adecuación e
inadecuación entre los signos y los símbolos. El tercer fragmento trata del
análisis lógico del lenguaje y de su relación con el mundo. En el cuarto,
finalmente, se delimitan los ámbitos (ética, estética, religión...) en los
que no se puede decir nada con sentido, para concluir con su famosa afirmación:
De lo que no se puede hablar, más vale guardar silencio. De las Investigaciones filosóficas, por su parte, se
propone un fragmento en el que Wittgenstein critica primero su anterior
concepción del lenguaje para pasar, a continuación, a presentar algunos
aspectos de su nueva idea de la filosofía. Según su nueva concepción, la
tarea de la filosofía no consiste en corregir el uso ordinario del lenguaje,
sino en comprender su funcionamiento de forma adecuada, lo que resolverá por
disolución los problemas filosóficos tradicionales. |
Ludwig Johann Josef Wittgenstein [pronunciado: vitguenschtain]
(Viena 1889- Cambridge 1951) ha sido probablemente el pensador con más influjo
sobre las corrientes de trabajo analítico y pensamiento epistemológico modernas,
no sólo las agrupadas en torno a la Filosofía
Analítica, sino también en la reflexión desarrollada desde el Constructivismo,
el Neo-Pragmatismo, la continuación de la Fenomenología o la "philosophy
of mind". En cierto modo, su forma de plantear la reflexión filosófica
desempeña para el pensamiento actual un papel similar a lo que supuso el método
socrático para el pensamiento griego.[1]
Wittgenstein
fue el octavo hijo de una familia de la gran burguesía judía de Viena, estudió
de 1906 a 1908 ingeniería de construcción de máquinaria, y en 1908 marchó a
Manchester a continuar sus estudios en la Universidad Técnica. Su lectura de
los "Principles of Mathematics" de B. Russell le hizo abandonar la
ingeniería y, siguiendo un consejo de G. Frege (y recomendado por éste a
Russell) entró en la universidad de Cambridge en 1911 para asistir a unos
cursos de Russell sobre los fundamentos de la matemática y lógica al mismo
tiempo que asistía a los cursos de psicología filosófica de G. E. Moore. Tras
cinco trimestres, y sin intentar obtener ningún grado, marchó a Noruega
manteniendo una intensa correspondencia epistolar con Russell. Allí le visitó
su profesor G.E. Moore interesado por las ideas de su su alumno. Durante la
guerra 1914-18 luchó como voluntario hasta caer prisionero en Italia, y fue
entonces cuando concluyó el manuscrito de su Tractatus Logico-Philosophicus,
que gracias a la mediación de su común amigo J.M. Keynes pudo llegar a la manos
de Rusell, quien se esforzó por su publicación (1921-22) en una traducción al
inglés hecha por F.P. Ramsey y con prólogo de B. Russell.
Tras
la guerra, Wittgenstein atravesó una fuerte crisis interna, que le llevó a
regalar su nada despreciable fortuna. Por ello, casi durante un decenio, hubo
de emplearse como maestro de enseñanza básica en varios lugares de Austria
(1920-26) o como ayudante de jardinería en un monasterio junto a Viena; intentó
trabajar en artes plásticas y como arquitecto. Dejando de lado especulaciones
psicoanalistas para explicar esta fase de su vida, la última proposición (7)
del Tractatus en que concluye con la constatación de que callar (no hablar en
lenguaje "teórico") sobre lo que escapa del poder de observación de
ese lenguaje, es una justificación de su radical separar la razón teórica y la
práctica. Y era pues más que "lógico" que, en una casi
fundamentalista ascética filosófica, se dedicara a la praxis.
En
1927 conoció al matrimonio Karl y Charlotte Bühler. Karl trabajaba entonces en
una concepción de la comunicación humana que presentó en su obra sobre la
Crisis de la Psicología, y posiblemente abrió así nuevos derroteros a su
superación del enfoque centrado en el lenguaje real. Se le abría el foco de
observación "comunicacional" - lo que le llevaría a la idea de los
"juegos de lenguaje". Y eso suponía también poder "hablar"
(aunque en otros lenguajes) de los verdaderos problemas, lo que siempre ha
tratado la Philosophia Perennis. Por ello, como él mismo refirió muchas veces,
su "nuevo" interés por la filosofía; que ciertamente no desapareció
nunca del todo. Ese interés se manifestó varias veces en esos años de
postguerra: mantuvo contacto epistolar con sus amigos ingleses, se encontró en
1922 con Russell en La Haya, recibio la visita de Ramsey en 1923 y pudo discutir con M.Schlick, que lideraba el
Círculo de Viena - donde el Tractatus fue objeto de largas discusiones.
Una
posible motivación adicional de su regreso a la filosofía pudo ser una
conferencia de L.E.Brouwer en 1928 sobre los fundamentos de la matemática (con
su concepción del Intuicionismo constructivista sobre el sistema axiomatizado
de la matemática), Wittgenstein se sintió motivado para regresar a Cambridge en
1929, tras quince años de ausencia, con la intención de continuar su trabajo de
investigación filosófica y posiblemente doctorarse. Al principio fue huesped de
Keynes. Probablemente eligió esa universidad para tener ocasión de dialogar con
F.P. Ramsey.
Se
matriculó en un curso de doctorado con Moore, pero éste, considerando que
durante los años 1912 y 1913 había sido un "alumno avanzado", consiguió,
conjuntamente con B.Russell que se le reconociera como tesis el
"Tractatus" - y que se le ahorraran todos los trámites burocráticos
usuales. Moore -que ese mismo año había sido nombrado catedrático- y Russell fueron
designados para examinarlo y tras una charla con el candidato, que, como
relataba luego Moore, les resultó muy agradable, dieron su informe favorable.
Sin más trámites burocráticos (en junio, a los pocos meses de haber llegado a
Cambridge el ya famoso alumno) se abrió así el camino a la carrera académica
deWittgenstein en Cambridge.
Desde
1930 a 1936 trabajó como "Fellow" en el Trinity College de Cambridge,
pero manteniendo su contacto con Waismann y Schlick (del Círculo de Viena). En
1929 apareció la otra obra, que junto al Tractatus, fue lo único que publicó en
vida: "Some Remarks on Logical Forms" en que apuntaba una
nueva orientación de su reflexión filosófica: analizó la pluralidad de las
funciones lógicas del lenguaje (contra la anterior reducción habitual a sólo su
funcion representativa de la realidad) - pero según él mismo se trató de un
trabajo que no consideró nunca tuviera valor alguno.
Dejando
de lado las exigencias burocráticas (no tan estrictas como en nuestra
universidad), Moore, Ramsey o Russell consideraron que contar con la
colaboración de un "genio filosófico" de tal talla era un logro para
su universidad. En uno de sus informes, Moore escribía: "Ahora está
trabajando intensamente y, a mi entender, le va bien. Que se le interrumpiera
por falta de dinero sería, creo yo, una gran desgracia para la filosofía"
(Moore, 1993). Evidentemente no se trataba de acumular kilos de ponencias
escritas o publicaciones a valorar por una comisión burocrática, sino de un trabajo
filosófico al más viejo estilo: en el diálogo sostenido en clases y seminarios.
Precisamente de esos años contamos practicamente sólo con los apuntes de sus
clases (por ejemplo, los tomados por su profesor Moore o por Rush Rhees y
Yorick Smithies) así como con su correspondencia (por ejemplo, la mantenida con
otro de los grandes de la filosofía analítica, G.H. von Wright)[2].
Moore se retiró en 1939 y entonces la cátedra pasó a Wittgenstein.
En
1936-37 había vuelto a Noruega, pero en 1939, tras el Anschluss
(anexión) de Austria a la Alemania hitleriana, poco antes de adquirir la nacionalidad
britanica fue nombrado sucesor de Moore en su cátedra de Cambridge. En sus
prelecciones se ocupó de Estética, Etica, Psicología, y Fe religiosa - temas
que ciertamente en el Tractatus, como el resto de los empiristas lógicos, había
considerado como temas sin-sentido.
Durante
los años de la guerra 1939-45, junto a su actividad como voluntario en un
hospital; interrumpiendo su docencia desde 1941 a 1944, trabajó en la
preparación del primer volumen de sus "Investigaciones Lógicas". A
fines de 1947 abandonó su cátedra (e influyó para que la ocupara G.H. von
Wright) y se retiró a Irlanda (Dublín y la costa oeste) donde acabó la segunda
parte de sus Investigaciones Lógicas. Desde allì emprendió varios viajes a
Oxford y Cambridge, así como a Viena y a USA donde habló con N. Malcolm (con
quien habló sobre la refutación del Escepticismo que hacía Moore). Trabajó
practicamente hasta el último día en los últimos 18 meses desde que supo que
padecía cáncer hasta su muerte, el 29 de abril de 1951.
Al
recordar su vida no es posible pasar por alto las rebuscadas interpretaciones a
que ha dado lugar su biografía (por Warren Bartley III) al querer ver que su
(presunta) homosexualidad explicaría una gran parte del interés de Wittgenstein
por el lenguaje: sus sentimientos de culpa por su "patología" (como
si los heterosexuales estuvieran libres de tales sentimientos y complejos)
obedecería al interés por ocultar su condición de homosexual tras la fachada
que es el lenguaje. El que ya desde su trabajo sobre Frege, y luego con Rusell,
había tenido que centrarse en el tema del lenguaje - sustituyendo al análisis
de las ideas - parece una explicación mucho más simple y sin necesidad de
complicaciones psicoanalíticas.
El
modo de filosofar Wittgenstein debe ser visto como que corresponde al
"estilo" propio de la reflexión kantiana, pero que al ser
transplantado al entorno del pensamiento analítico inglés, tuvo que dar que
ciertamente influyó en la configuración de su método de trabajo, y sobre el que
luego él mismo ejerció una enorme influencia. Aparte de sus dos libros,
Tractatus e Investigaciones Filosóficas, redactados en alemán, se conservan
muchos apuntes de sus alumnos de Cambridge, en los que evidentemente se advierte
la dificultad que implicaba el que un pensamiento estructurado en la lengua
alemana tuviera que formularse en otra lengua muy distinta en sus posibilidades
gramaticales como es la inglesa.
Su
obra, como dijo algún comentador se presta a ser tomada como un test de
Rorschach, con manchas de tinta que cada uno interpreta según su propia
configuración psíquica (subconsciente o lo que sea).
La
primera etapa de su trabajo culminó en el Tractatus,
una obra esbozada en gran parte en sus diarios (Tagebücher) de 1914 a
1916. Terminó su redacción en 1918 y apareció en los Annalen der
Naturphilosophie, editados por Ostwald, en 1921 con el título de Logisch-philosophische
Abhandlung. Luego fue traducido al inglés por C.K. Ogden[3]
y prologado por B. Russell. La publicación, bilingüe (y con el texto alemán
corregido por el autor) y con el título Tractatus logico-philosophicus,
aparecíó en 1922 en Routledge & Kegan Paul Ltd.
Luego
vienen los largos años de Viena, los contactos con los representantes del
Círculo de Viena y una total crisis de sus primeros planteamientos que se
manifiesta, primero, en su Philosophische Grammatik (1933) y
luego en "The Blue and Brown Books"
(una parte en alemán, Das Blaue Buch, el libro azul). Toda esta
fase de sus reflexiones no es una evolución o desarrollo de ideas del Tractatus,
sino, asombrosamente, lo mismo que el Tractatus marcó un punto de ruptura en el
pensamiento moderno, ahora Wittgenstein inicia otra nueva era con otros
planteamientos totalmente inusitados. Lo que se suele denominar la Filosofía-II
de Wittgenstein (o el Wittgenstein-II) y que encuentra su formulación en sus Philosophische
Untersuchungen (Investigaciones Filosóficas) publicadas poco después de
su muerte y que son valoradas hoy como una "obra maestra" de la prosa
alemana, escrito con un lenguaje tan vivo y sencillo, con analogías, ejemplos,
etc., pero con una profundidad de ideas tal que pasará mucho tiempo antes de
que podamos decir que se le ha comprendido del todo.
En
esos años de reflexión y diálogo con sus alumnos de Cambridge, Wittgenstein fue
precisando un nuevo método (camino) de pensamiento
dialógico que recuerda al método socrático: no se trata de presentar construcciones
de ideas, sistemas conceptuales, sino de ir caminano de acá para allá, con lo
que se van abriendo nuevas formas de ver las cosas, nuevos paisajes. Este
andar, es decir este método tan poco definido, recuerda la idea tan
concisamente formulada por Machado: caminante, no hay camino, se hace camino al
andar. Es decir, no hay un método predeterminado, pero si nos lanzamos a
explorar la realidad (y eso el filósofo no lo hace solo, sino en diálogo),
habremos hecho camino-método. De esta época se conservan sus "Zettel"
(fichas de ideas dispersas recopiladas luego por sus alumnos), distintas
anotaciones de pensamientos así como muy pocos apuntes (en general ni permitía
se tomaran durante las clases que quería fueran diálogo filosófico) también
recopilados por sus alumnos.
Los
alumnos de los seminarios y cursos de Wittgenstein dicen que tenían la impresión
de encontrarse ante un espíritu "destructivo". Según se cuenta, él
mismo se sorprendía de producir tal impresión. Puede que todo se debiera a la
forma en que impartía sus clases: nunca de forma sistemática, sin manuscrito
alguno, ante cualquier pregunta comenzaba a "pensar en voz alta".
Eran precisamente las preguntas, dudas o dificultades de sus oyentes lo que
provocaba un exhaustivo análisis, examinando la cuestión desde todos los
ángulos, y respondiendo finalmente de forma contundente y convincente; pero
evidentemente al margen de toda línea continuada de exposición. Según todos los
comentadores, incluso poseyendo ahora textos impresos donde es fácil releer,
consultar otro pasaje etc., sigue siendo muy difícil decir que uno sabe
realmente lo que él quería formular.
Pero
tampoco debe malentenderse su "método" como si hubiera apuntado a
formular claramente preguntas o problemas en una actitud aporética, o
simplemente enunciar cuestiones abiertas (sin pretender darles respuesta). El
talante con que procedía en su diálogo con los oyentes, lo más apropiado parece
ser denominarle "socrático", hacía más bien que llevara a sus últimas
y más absurdas consecuencias la dificultad o pregunta planteada: "Lo que
quiero enseñar es a aprender pasar desde un absurdo todavía implícito a uno
manifiesto" (InvFilos 464).
De
suyo, apenas si hay planteamiento reflexivo de problemas que no conduzca al
final a paradojas.
Desde Zenón, pasando por Agustín y Kant hasta Russell y, más recientemente,
Luhmann, la conciencia de las paradojas que plantea cualquier cuerpo de
conocimientos cuando se profundiza en él es algo común a todos estos planteamientos.
Pero en Wittgenstein, lo característico es su forma de reaccionar a la
paradoja. Ante las diferentes modalidades de reacción ante la paradoja:
aferrarse al estado de confusión; pretensión de desatar el nudo de la paradoja
con sistemas teóricos; y, finalmente, huida a lo irracional, Wittgenstein las
rechaza todas. Por eso se le ha reprochado un mayor grado de destructividad que
al Escepticismo (tesis sobre su hiper-escepticismo: comentada por Kripke y
Stegmüller).
Más
allá de la discusión “lógica”, en el marco de su concepto del filosofar como
modo de vivir reflexiva y autocríticamente, Wittgenstein supera las paradojas
no teóricamente, sino en la acción: no precisa nuevos conocimientos, sino toma
la paradoja como un modo de hacer terapia de las ideas
(InvFilos 126-128, 599) en que no hay que sacar conclusiones (a nivel lógico)
ni mostrar interés por lo que puede ocultarsse tras la paradoja. Sólo habrá que
realizar una descripción aceptable por todos, pero con el objetivo de lograr
una clarificación total en que desaparezcan los problemas filosóficos (InvFil
133). Este objetivo sólo se logrará si se iluminan las fuentes de las
dificultades, pero no hay "una" dificultad, y por tanto tampoco podrá
lograrsse nunca una receta o patente para resolver todo. Pero sí hay dos importantes
clases de dificultades: a) confusiones con el lenguaje y b) tendencias
esencialistas buscando siempre lo más universal.
a)
Las confusiones con el lenguaje agrupan toda una serie de seducciones
provocadas por la estructura superficial del lenguaje. Por ejemplo, las
"imágenes" producidas por el uso gramática de ciertas formulaciones y
que apresan o guían, como raíles mal colocados, el flujo del pensamiento. Es
como caer en la tentación de una dieta unilateral que sólo alimenta el pensar
en una sola dirección. Pero esto no supone la prohibición del uso de imágenes,
que él mismo empleó en este último período con gran profusión (recordar su
"Hay que arar el lenguaje",
o sus analogías entre juego de ajedrez y sus reglas por un lado y por otro el
lenguaje cotidiano y sus reglas). Las imágenes mismas, las metáforas, no tienen
culpa alguna, pero sólo mientras tengamos claro dónde están sus límites. El peligro
está en dejarse hipnotizar por ellas, dejarse llevar por sus railes hasta donde
ya no pueden ayudar.
El
problema está en que al emplear términos filosóficos como 'verdad', 'mundo',
'realidad', 'tiempo', etc. inevitablemente se suscitan imágenes mentales que
nos tientan a pensar que con tales imágenes poseemos ya el significado de las
expresiones. Filosofar será por tanto "luchar
contra el embrujamiento del entendimiento por parte de los medios de nuestro
lenguaje" (InvFilos 109).
Aquí,
Wittgenstein emplea un concepto de "imagen" distinto del concepto
lógico en la teoría del lenguaje como imagen. Tampoco se trata de algo que
surgiría en el espíritu representando otra cosa. De lo que se trata aquí es de
observar algo desde un determinado punto de vista, de construir las relaciones
de ese algo con otros objetos (o de delimitarle frente a lo otro). Pero en esa
observación puede darse:
a) Un nivelar diferencias, borrar
distinciones; como cuando la gramática permite identificar la cópula es (4 es
igual a dos más dos) con el verbo (A es, es decir, es realidad). En el primer
caso podría sustituirse la cópula 'es'
por un signo =; en el segundo no (InvFilos 558).
b) Un generar contradicciones o falsos
problemas: contradicciones como cuando se habla de la "nada" como si
fuera una entidad más, y hable entonces de que hay o es "nada";
falsos problemas, como la pregunta ¿existe o no existe la nada? Y de ahí podría
pasarse a investigar las propiedades de la nada etc.
c) Un formar analogías llenas de fallos.
Se
trata así de una actitud de liberación ante los aparentes problemas que
recuerda mucho la actitud del Budismo Zen (al que de todas
formas estaba ya incoado en la proposición final del Tractatus: guardar
silencio....). Esta liberación se logra por eliminación de las mismas fuentes
de
El
único libro que preparó en esta segunda época antes de su muerte, las
mencionadas Investigaciones Filosóficas, como ya sucedía antes en
otras exposiciones y cursos, no es una exposición sistemática. Quien intente
hacerse una idea de su "sistema", comprendido como orden y
articulación de pensamientos filosóficos sobre sobre un dominio de la realidad
(ciencia, matemática, arte, ética o religión) se sentirá frustrado.
Wittgenstein, como ya en el Tractatus que entendía más como armazón que
auxiliara - terapia - al caminante
mental, y que por tanto no debía ser luego objeto de mayor atención, en primer
lugar quería "despertar" al caminante filosófico para que él mismo
iniciara sus caminos por el campo de la reflexión. Él mismo decía que sus
Investigaciones Filosóficas debían ser vistas como "álbum de imágenes".
Y esa reflexión y discusión se dedica en primer lugar, como en el Tractatus, al
lenguaje (no escribió finalmente su proyectada discusión sobre los fundamentos
de la matemática).
Comprenderle
como filósofo teórico (orientado al theorein, la visión) sería un error. En su
paradójicamente a-metódico método, el último Wittgenstein, que a lo largo de
todo su itinerario filosófico define el campo a observar como el del lenguaje
(aunque éste sea visto al principio en su función descriptivo-representativa, y
luego más como Medium de comunicación) -y por eso podìa recomendar como máxima:
¡hay que arar el lenguaje!- no limita la actividad filosófica en el
sentido de obtener una visión, eso es también mera muleta para el caminante,
que lo que tiene que hacer es andar, actuar. En esto continúa su esfuerzo en el
Tractatus por liberar, por hacer un hueco, dentro del mundo de las cosas visto
como mundo representado, descrito en ciencia etc., al sujeto ético, al sujeto
que debe actuar.
Finalmente
hay que advertir de un malentendido fundamental: la orientación
"analítica" que comparte con la Filosofía Analítica no le lleva, como
a los empiristas lógicos, a mantener el tabú que veta recurrir a la
"introspección" en su método-camino filosófico. Todo lo contrario,
sobre todo en sus últimos años llega a tematizar la experiencia privada, etc. Y
una gran parte de sus agudos análisis sobre las trampas del lenguaje sólo son
posibles por la constante referencia a estados de conciencia, a modalidades del
"pensar". En cierto modo, Wittgenstein elabora ahí una
"fenomenología" paralelamente a la de Husserl.
El
Tractatus ha sido formulado con una concentración inusitada, lo que ciertamente
dificulta su lectura. Además, muchas de sus ideas sólo pueden ser comprendidas
en relación a conceptos de Frege o de Russell.
Y, como gran parte de sus comentadores admiten, en el fondo, Wittgenstein
también fue un seguidor de Kant. Sin las ideas de estos pensadores, ni habría
sido posible el Tractatus.
Por
otra parte, aunque no se las explicite, Wittgenstein expone su concepción,
aparentemente logicista y antimetafísica, partiendo de una serie de
presuposiciones verdaderamente "metafísicas". Y para comprender su
"método" en esta obra (luego, Wittgenstein rechazaría la fijación
metódica practicada aquí) hay que recordar el método del análisis
transcendental kantiano dirigido a desvelar las condiciones de posibilidad de
la experiencia (o formulado en la terminología de la Epistemología de la
Complejidad: las condiciones de posibilidad de la observación directa de los
fenómenos, es decir, de la observación de primer grado). Wittgenstein también
quiere desvelar cómo se constituye nuestro conocimiento de la realidad mundana
(aquella de que trata la ciencia - pues también hay para él otras realidades
como la religiosa o la ética), pero no analizando al sujeto, sino el lenguaje
que éste emplea para hablar de la realidad - con otros o consigo mismo. En las
estructuras de tal lenguaje, por ejemplo, en sus "formas lógicas", se
deberá identificar lo que permite que ese mundo accesible a la ciencia sea
también "representado" en el lenguaje.
El
pensador que cavila metafísicamente se une así al técnico en el análisis lógico
de las formulaciones del lenguaje (en sus últimos años seguía pidiendo: hay que
arar el lenguaje).
Además,
como sucede también con otros pensadores modernos (como Luhmann), emplea
terminos del lenguaje cotidiano en un sentido totalmente distinto: estado de
cosas, hecho, cosa, mundo, substancia, imagen etc.
Aparentemente,
la numeración empleada -de tipo decimal- en que las cifras compuestas deberían
ser vistas como comentarios o explicaciones de las más simples, podría ayudar a
comprender mejor una proposición leyendo las siguientes; pero como mostró ya
Stenius, algunas veces, las proposiciones en lugar de referirse primariamente a
las anteriores anticipan el sentido de otras posteriores.
En
el Tractatus, más que las diferencias entre contenidos
conceptuales, lo relevante son las diferencias lógicas, es decir, en un
nivel superior de abstracción donde se opera en un espacio lógico (no olvidemos
que se trata de la reflexión de un ingeniero y matemático) estructurado en
dimensiones con respecto a las cuales cada concepto tiene un conjunto de
coordenadas. Precisamente son esas distintas ubicaciones lógicas las que se
formulan en las categorías.
Por
ejemplo, existe una diferencia categorial entre los siguientes items:
'la_negación_de_ A', 'una_cosa';
'una_propiedad_universal' (como la de ser mortal). Sin tener que recurrir aquí
a los conceptos sobre los conjuntos matemáticos, puede formularse esta idea
así: para un pensamiento lógico-matemático que abstrahe del contenido o
referencia, 3 manzanas, 3 autos, 3 personas son observados sólo como el
"número" tres. Entre '3 manzanas' y '2 autos' no existiría diferencia
categorial, ambos son enunciados afirmativos de existencia de una cantidad de
objetos. Pero sí existe diferencia entre 'ahora tienes comida' y 'alimentos
artificiales compatibles con la salud' comer' (diferencia entre enunciado sobre
un mundo real y un mundo posible).
La
primera distinción que tiene en cuenta el Tractatus es la existente entre la
categoría de las Tatsachen ("hechos") y la de las Nichttatsachen
("no-hechos" - pero no en el sentido de negar existencia de algo,
sino de algo ubicado en otro punto del espacio lógico). Y dentro de los
"no-hechos" se da otra distinción categorial (es decir, otra forma de
diferenciar puntos en el espacio lógico): la existente entre cosas (y
una cosa no es aquí lo mismo que una Tatsache, o un estado de cosas) y atributos
(que, a su vez, abarcan propiedades y relaciones).
El
Tractatus se abre con la afirmación (1): El mundo es todo lo que es el caso.
Esto se explica en la (1.1): El mundo es la totalidad de los hechos
(Tatsachen), no de las cosas.
Esta
afirmación sorprende, pues uno esperaría que un filósofo que habla del mundo
hablaría o de una cosa muy compleja o del conjunto de todas las cosas, algo que
no es precisamente una Tatsache. No es que niegue la posibilidad de tal modo de
observar la realidad, pero Wittgenstein prefirió definir su modo de
meta-observación en el marco de una consideración al nivel de abstracción superior
propio de la lógica o matemática en que lo relevante son las
"diferencias" (primariamente entre modos de relacionarse sus
elementos). La "diferencia" básica en el Tractatus es pues la
diferencia entre las categorías de "Tatsache" (hecho, lo que es el caso) y "Ding"
(cosa).
Stenius
(1969: 39 ss) explica esta cuestión por una analogía de la psicología de la
percepción (la de la Gestalt): La percepción sensible de objetos complejos no
se efectúa, como quisiera explicar una psicología atomista, mediante la
integración posterior de una serie de percepciones singulares (de cada punto de
una figura, de cada color etc.), sino, primero, se capta todo un campo, por
ejemplo, se percibe la totalidad de una bandera ondeante al viento. Sólo a
partir de esa percepción del conjunto podremos, por así decirlo, encajar en esa
estructura la percepciòn de las partes, es decir, "diferenciaremos"
dentro del campo de percepciòn sus elementos, como pueden ser las líneas que separan
colores. Así percibimos en ese campo distintas estructuras y relaciones.
Pero
la estructura del campo no está determinada tanto por el objeto como por el hecho
de que, o porque es el caso que la figura consta de tal y tal
elemento, o por el hecho de que existen tales o tales relaciones entre
sus elementos etc. Y el campo percibido no puede ser identificado con la
figura percibida, ésta, con toda su diferenciación, sólo es vista después
de que en la percepción se haya dado estructura al campo percibido.
Y
volviendo al Tractatus: la figura percibida pertenece así a la
"categoría" de las cosas; el campo percibido pertenece a la categoría
de las Tatsachen (hechos, lo que es el
caso). Y es ese campo percibido lo que es descompuesto, analizado en otros
hechos más simples.
El
"campo de percepción" (de la psicología de la Gestalt) corresponde
aquí a lo que el Tractatus denomina "mundo como Tatsache". Y
la "figura" (la Gestalt) percibida corresponde al "mundo como cosa
(Ding)".
En
el modo de observación propio del Tractatus, lo que interesa ante todo es la
identificación bajo la categoría de Tatsache, no bajo la categoría de
cosa, que es vista como una subcategoria
de la primera. Y el saber sobre el mundo no será pues un saber primariamente
dirigido a "cosas", sino a "Tatsachen".
En una primera aproximación el
concepto puede ser explicado así:
Observamos una descripción
(observación compleja de primer grado) lo más detallada posible del mundo real.
Depuramos luego la descripción de todos los enunciados que dependan de otras
partes de la misma descripción, es decir, limitamos la observación a una
descripción "completa" (en sentido lógico) y cuyos componentes sean
mutuamente independientes. A cada componente independiente le asignamos una
dimensión (semántica), y obtenemos así un espacio "lógico" de tantas
dimensiones como componentes.
En una especie de geometría analítica
lógica podemos representar esa observación en un modelo geométrico:
Supongamos un mundo posible (muy
simple, ciertamente) que consta de dos rectángulos diferentes en un plano
euclídeo. La descripción completa de este mundo realizada sólo con componentes
independientes sería la conjunción de cuatro enunciados: los que describen la
altura y anchura de esos rectángulos (esta descripción sería completa, pues,
por ejemplo, una diagonal, o la superficie del rectángulo son elementos
dependientes de la anchura y altura). Y la altura y la anchura son magnitudes
que pueden variar independientemente una de otra. Así tenemos un "espacio
lógico" (en que construimos la pintura del mundo posible) con cuatro
dimensiones, no con dos como tiene ese mundo. Y además podemos obtener toda una
clase de otros mundos posibles de este tipo modificando las cuatro componentes.
El ejemplo podría haberse complicado
si hubíeramos tenido en cuenta también las distancias y posiciones entre ambos
rectángulos; pero eso no afectaría a la intepretación del concepto de espacio
lógico. Por lo demás esta forma de definir un concepto mediante la descripción
de las "operaciones" que determinan su contenido está también
relacionada con la concepción según la cual el significado de un término está
en su uso.
Utilizando el lenguaje del "espacio
lógico" se puede además afirmar: "cada mundo posible está determinado
de forma inequívoca, por la elección de cada estado de cosas elemental en cada
dimensión del espacio lógico".
Tenemos una descripción
"verdadera" del mundo real, cuando para cada dimensión del espacio lógico
encontramos en esa descripción un componente que afirma la existencia de un
estado de cosas elemental en esa misma dimensión, y ese estado de cosas es
además un hecho atómico (es el caso). Tal descripción indica todo lo que es el
caso, y excluye todo lo que no es el caso.
Además, los estados de cosas atómicos
que puedan pertenecer a una misma dimensión lógica no son independientes entre
ellos, sino incompatibles. En el mundo posible considerado no podrían tener las
mismas medidas los dos rectángulos, pues eso los identificaría como uno solo.
También son incompatibles dos estados de cosas en que uno tiene como contenido
la afirmación de que un punto del campo de un rostro es rojo en n momento, y el
otro afirmara que en ese momento dicho punto es verde (6.3751).
Aquí se ha partido del supuesto de
que a cada dimension del espacio lógico (de los componentes elementales de la
descripciòn mutuamente independientes) corresponde un número indefinido de
estados de cosas mutuamente independientes. El empleo de la metáfora
geométrica, por así decirlo, nos seduce a pensar que es forzoso llegar a esa
conclusión. Pero todo eso vale sólo en la medida en que las afirmaciones
elementales empleadas (como la de que un punto del rostro tenga tal color)
describen eestados de cosas elementales. Y esa no era la opiniòn de
Wittgenstein. Por eso, el espacio lógico descrito responde sólo a una primera
aproximación a la concepción de Wittgenstein.
En realidad, el modelo geométrico
empleado sólo permite construir un espacio lógico al nivel de la gramática o
lógica superficial. Pero bajo esa superficie hay que llegar a un espacio lógico
fundamental: un espacio lógico en que se llega a la abstracción máxima y se
estructura como espacio con el código Si/No.
En dicho espacio, para cada dimensión
sólo habrá dos posibles estados de cosas mutuamente incompatibles: la
afirmación de que el estado de cosas A es el caso, es vista aquí como
equivalente lògico a la afirmación de que B no es el caso: si existe A no
existirà B. En cada dimensión podrá elegirse libremente uno de los estados de
cosas como atomico, el otro no podrá poseer la misma cualidad de ser atómico.
Distintos estados de cosas atómicos pertenecen ahora a distintas dimensiones.
A la luz de estas distinciones hay
que revisar la primera impresión de que el concepto del mundo como Tatsache era
algo observable a nivel de observación habitual. Se mueve a un nivel de mucha
mayor abstracción.
Los enunciados del lenguaje cotidiano
que llamamos simples (esto es rojo y similares) y los estados de cosas
descritos no son tan simples como parece.
En la primera interpretación
superficial del espacio lógico, un mundo posible quedaba determinado al
entresacar, en cada una de sus dimensiones un estado de cosas atómico. Presuponiendo
su enumerabilidad podían pues ordenarse dichos estados de cosas (Sn) en series
S1, S2, S3 .....
Una descripción completa del mundo
real se obtiene si se dan los 'estados de cosas' S existentes realmente. Es
decir, aquellos estados de cosas que son también 'hechos'; con la condición de
que sean además 'hechos atómicos'. Con esto se excluyen todos los otros
miembros de S como no_existentes, lo que significa que para cada uno de esos
miembros de S se dará otro estado de cosas (como otro punto) en la misma
dimensión (se deberá pues asignar en
cada dimensiòn de las coordenadas del espacio lógico un punto diferente al
estado de cosas existente y al no existente, no por su contenido, sino por su
propiedad "estar dado" o no).
Mientras que así, en lo que concierne
al espacio lógico superficial quedaba determinado el tipo o clase de mundos
posibles, al utilizar el espacio lógico de orden superior puede además
diferenciarse entre la clase de los estados de cosas existentes de la de los no
existentes.
En (4.463) afirma Wittgenstein que el
espacio lógico es infinito. Es decir, que el número de dimensiones
(correspondientes a posibles componentes atómicos) es infinito. Este enunciado
no es demostrado, se sigue sólo de la aceptación del principio de Hume según el
cual no existe conexión necesaria entre lo que sucede en un momento del tiempo
con lo que sucede en otro momento (su conocida tesis negando la concepciòn
tradicional de la causalidad). Aquí es extendida esa afirmación a otras
dimensiones distintas de la temporal. Y también aquí culmina la idea del
"Atomismo Lógico".
Pero ese espacio lógico no debe ser
concebido como algo real, como si fuera una especie de eter en que se
desarrollaran los procesos reales.
-------
------en construcción
La forma lógica es
común al mundo y al lenguaje. El signo que actúa de cópula uniendo un
"predicator" (elemento del lenguaje) con el objeto - en cuanto
elemento del mundo - representado por un "nominator" (también
elemento del lenguaje) no es definido como una relación externa a los objetos,
sino como un medio auxiliar para formular que se da realmente una relación
ordinaria entre la propiedad (externa - como el accidens aristotélico) y el objeto (como la substancia
aristotélica).
La proposición elemental iP Î Q (este P es un Q) representa, a
título de prueba, un estado de cosas (Tract. 4.031) en la que los nombres de
objetos iP y iQ tienen entre ellos las mismas relaciones con las propiedades
internas de ser_un_P o ser_un_Q, que poseen también los objetos correspondientes
en el estado de cosas representado (las propiedades externas sólo son
representadas por proposiciones en su relación proyectiva al mundo; Tract.
3.12; Tract. 2.031).
Los medios de esa representación o
imagen de lo real, que Wittgenstein denomina símbolos (signo con un sentido),
no simples signos (que para él es lo perceptible por los sentidos), adquieren
de forma externa (por convenciones) su función de símbolo, se encuentran
enlazados de forma interna al objeto que representan.
Las propiedades internas de un objeto
son definidas como su forma por la que queda totalmente determinada la
estructura del estado de cosas en que aparece.
La forma logica de un enunciado es el
modo en que se compone articulando distintas proposiciones elementales con la
ayuda de ciertas partículas lógicas (cuantor, negator, yunctor u operadores que
caracterizan algo).
Hablar de la forma lógica de un
enunciado implica realizar una operación de abstracción en que dejando de lado
los contenidos o referentes de los elementos de la proposición analizada, sólo
se consideran los tipos de relaciones (por ejemplo, de inferencia necesaria)
entre sus elementos.
Si se denomina "contenido"
de una proposición a los nominatores
y predictores que aparecen en ella, resulta
que al observar la forma lógica se prescinde de esos contenidos.
La forma logica, por ejemplo, de la
proposición "el trabajo es alienación" que se analiza como proposición:
"x (x Î trabajo ® x Î alienación)
(para todo aquello x, que es trabajo,
se sigue necesariamente que ese x es también alienación), es representada por
el esquema en lógica de cuantores:
"x (x ÎP ® x Î Q)
De un modo más amplio se aplica
también el predicado 'forma lógica' a las propiedades de las formas de proposiciones
que pueden ser reproducidas por esquemas desglosados sólo incompletamente.
La
comprensión de la obra de Wittgenstein exige precisar al menos algunas de sus
conceptos (categoría, forma lógica ....) y distinciones básicas (mundo y cosa;
hecho y estado de cosas; realidad mundana y su pintura en el lenguaje;
proposiciones complejas y elementales ; ...
Ding
(cosa), Gegenstand (objeto), Substanz (substancia) son los términos
probablemente peor entendidos en el Tractatus. Según (2.01) un Sachverhalt
(estado de cosas) es una unión de "cosas". Pero una mera agrupación
de objetos no puede constituir un Sachverhalt (estado de cosas) pues para que
se dé éste deberá al menos haber un atributo. Por tanto, "cosa" en el
T no equivale a lo que normalmente llamamos 'cosa' sino es un término que
designa todo lo que no cae en la categoría de las Tatsachen (hechos). Los
atributos, como son las propiedades o las relaciones, forman una categoría
especial de cosas. Las cosas particulares, los objetos concretos, forman otra
categoría de cosas.
Pero
esta interpretación debe ser precisada. Wittgenstein denomina "cosa"
sólo a aquello que puede aparecer en un estado de cosas "atómico"
(2.02: El objeto es simple). Esto debe comprenderse en el contexto de la tesis
sobre el atomismo doble.
Observados
como "categorías" no difieren, pues los estados de cosas pertenecen a
la misma categoría de los hechos, pero mientras que un hecho siempre es algo
real, que es el caso; un estado de cosas podrá ser simplemente algo posible
(pertenece a los "mundos posibles"). La diferencia se manifiesta en
referencia a la distinción entre enunciados verdaderos y falsos. Se puede
afirmar que Taylor vivió al mismo tiempo que Ford o lo contrario. En ambos se
afirma que algo es el caso; pero sólo el primer enunciado es verdadero, es
decir, es una Tatsache (hecho).
Se
trata de una distinción muy importante. El estado de cosas 'complejo' es visto
como la 'situacion' (Sachlage) en que están las cosas mientras que el elemental
se refiere a cómo se comporta algo.
De modo análogo, cuando se trata de estados de cosas reales
podría distinguirse entre hechos atómicos y hechos complejos.
Los
estados de cosas atómicos son algo "simple lógicamente", algo no descomponible
en otros más sencillos. La única articulación posible es la de cosa y atributo
(substancia y accidente).
1º
Es
habitual en bastantes comentadores hablar de un W-1 y de un W-2 como de dos
filosofías inconexas: la primera bajo el signo del Empirismo Lógico, la segnnda
y la segunda como perteneciente a la Filosofía del Lenguaje Ordinario
(fenomenalismo lógico) (esta es la interpretación de E. von Savigny). Sin
embargo, el problema de las relaciones entre el mundo y el lenguaje está
presente en ambas fases de su evolución filosófica. Pero esa presencia no
significa que el mismo problema sea tratado de dos formas distintas, en la
primera en enfoque de análisis del lenguaje-representación, en la segunda
atendiendo a la comunicación (juegos de lenguaje); sino el aspecto común más
importante se encuentra en su intención de mostrar que se trata ahí de una mera
apariencia de problema (Scheinproblem) no de un problema en la realidad.
Es decir, que se trata de un problema para la observación en cuanto tal (para
un observador universal).
En
el Tractatus, este desenmascarar el falso problema se logra al mostrar que lo
que aparentemente era una relación externa entre el signo lingüístico y
el significado representado es identificada como relación interna que se
manifiesta ella misma, pero que no puede decirse.
La teoría del lenguaje como "Abbild" (correspondencia a-) en Wittgenstein es una reelaboración de las ideas sobre esta función descriptiva del lenguaje desarrolladas por Frege
y de la concepción de
Russell/Whitehead sobre el lenguaje
descriptivo.
(2.1):
Nosotros nos hacemos "imágenes" (Bilder) der la realidad
En
primer lugar hay que advertir que el término-metáfora "Bild"
(imagen) puede inducir graves malentendidos de lo que pretendía formular
Wittgenstein al hablar del lenguaje, la realidad y el conocimiento de ésta.
Un
cuadro o pintura material tiene semejanzas con el original: un pintor que busca
expresar esas semejanzas con el original físico.es calificado de
"naturalista" - contrapuesto al expresionista que sólo quiere
formular a través de los rasgos representados la vida interior emociones etc.
del modelo. En este sentido, la metáfora "imagen" aplicada al pensar
induce una interpretación según la cual esa actividad mental tiene que dar un
resultado que coincida con lo esencial del modelo. Pero Wittgenstein prosigue:
(2.11)
La "imagen" representa la situación real (Sachlage) en el espacio lógico,
como existencia o no-existencia de "estados de cosas" (Sachverhalte)
(2.12)
La imagen es un "modelo" de la realidad.
Wittgenstein,
como observa Stenius, no piensa primordialmente en imágenes materiales, sino en
lo que en matemáticas se denomina "Abbildung"
(correspondencia: relación de correspondencia entre los elementos de dos
conjuntos). De esta definición resulta que tanto el original como su representación
deberán pertenecer a la misma categoría.
Basándonos
en la explicación dada arriba de los términos "hecho", "estado
de cosas elemental" etc., no es difícil comprender el sentido de
"imagen" en estas proposiciones. Piénsese en un "hecho
compuesto" pero sencillo analizable (descomponible) en estados de cosas
simples. Las "cosas" participantes pueden ser las tres personas
A;B,C; además existe una relación padre-hijo RV y la propiedad o atributo,
talento musical M.
Ese
hecho puede descomponerse en tres hechos simples: (1) A es padre de B; (2) A es
padre de C; (3) B tiene talento M. Con este análisis hemos definido la estructura
externa del "hecho compuesto" (es decir, en lo que hay que
conocer).
La estructura
interna del hecho (es decir, en el sistema cognoscente) viene dada por la
indicación del número y categorías de los elementos participantes: es decir, tres
individuos, una relación o atributo diádico (paternidad sobre B y C) y un atributo
monódico (B tiene M).
Para
lograr una "imagen" (Bild) del hecho compuesto indicado, la exigencia
mínima a cumplir es: la imagen
representante debe poseer la misma estructura interna que el hecho a
representar; por tanto, hay que disponer de un número igual de elementos y de
categorías.
Pero
esta interpretación es todavía insuficiente. Para poder hablar de "hechos
isomorfos" se introdujo la ordenación de elementos categorialmente iguales
(según una regla de interpretación).
Pero
la flecha y la relación de paternidad no son elementos iguales categorialmente,
la flecha es una cosa (dibujo en papel) y la relación es un atributo diádico.
Tampoco el círculo y la propiedad de tener talento musical son objetos iguales
categorialmente.
Para
establecer una igualdad categorial, en vez de la flecha como figura hay
que poner "relación diádica: unión por una flecha de, por ejemplo, dos de
las tres letras del gráfico": una relación en el grafo es
"imagen" de otra relación en los hechos. En lugar de la
circunferencia, como figura, hay que tomar la "propiedad de estar
rodeado, los puntos que sea, por una circunferencia": una propiedad en el
grafo es "imagen" de otra propiedad en los hechos.
Sólo
en cuanto el diagrama mismo (D) es un "hecho" puede ser utilizado
como imagen del "hecho"-original (H).
Dado
que el hecho original H no es lo que se nos da directamente (a la conciencia),
tenemos que recurrir al diagrama D para conocerlo - junto con la regla de
interpretación.
Esto distingue claramente este concepto (filosófico) de
"representación-imagen" del de la matemática en que D y H tienen el mismo valor (D es imagen de H tanto
como H de D).
Esta
explicación puede hacer comprender el paso desde (2.1 : nos hacemos imágenes de
las cosas) a (2.141: la imagen es un hecho).
La
función de la "imagen" en una teoría del conocimiento consiste en que
esa imagen prepresente los objetos del original en una combinación interna
equivalente a la estructura externa que poseen en la realidad.
Pero
esa representación no garantiza en modo alguno que dicha combinacíón interna
corresponda a la real:
(2.224):
Sólo desde la imagen no es posible reconocer si es verdadera o falsa.
Esta
no es una proposición trivial, sino formula todo el planteamiento del
Apriorismo Sintético. Es una falacia inferir desde la igualdad de la estructura
interna de imagen y original a la igualdad de las estructuras externas:
(1.225):
No existe una imagen que sea verdadera a priori.
En
el Tractatus, Wittgenstein comparte la idea de Frege y de Russell/Whitehead de
que la estructura gramatical del lenguaje normal distorsiona la forma lógica
de las ideas que se formulan verbalmente. El lenguaje "disfraza" los
pensamientos, de modo que sólo permite sacar conclusiones sobre la forma
exterior del vestido, no sobre la forma del pensamiento al que se ha vestido
(Tract. 4.002).
Su
tesis básica se formula en las siguientes proposiciones:
(4): El pensamiento es la proposición con sentido.
(4.001): La totalidad de las
proposiciones es el lenguaje.
(4.002): El hombre posee la capacidad
de construir lenguajes, con lo que puede formularse cualquier sentido sin que
sea preciso tener una idea de cómo y qué significa cada palabra. - Lo mismo que
uno habla sin saber cómo se emiten los distintos sonidos.
El lenguaje común es una parte del
organismo humano y menos complejo que éste.
Es humanamente imposible extraer la
lógica del lenguaje directamente desde éste.
El lenguaje viste los pensamientos. Y
esto sucede de modo que uno puede inferir la forma externa del vestido, pero
no la forma del pensamiento revestido;
porque la forma externa del vestido ha sido configurada con fines totalmente
distintos que para dejar reconocer la forma del cuerpo .
Los acuerdos implìcitos hecho para
comprender el lenguaje comùn son enormemente complicados.
.......
(4.01): La proposición es una imagen de la realidad. La
proposición es un modelo de la realidad, tal como nos la pensamos.
(4.021): La proposición es una imagen
de la realidad: pues yo conozco la situación en que se encuentran las cosas
(Sachlage) cuando comprendo la proposición. Y comprendo la proposición sin que
se me haya explicado su sentido.
La observación (4.021) contiene los dos primeros pasos de la
argumentación que lleva a la teoría del lenguaje como pintura de la realidad:
(1)
Primer paso: si comprendo una proposición debe conocer cómo están las
cosas, el comportamiento de los hechos, o la situación tal como la representa o
describe la proposición. Si no conozco tales cosas tampoco comprenderé la
proposición, con lo que desaparece el problema de la posibilidad de la relación
entre lenguaje y realidad. Y Wittgenstein subraya que aquí se trata de una
relación conceptual, no en lo real: (4.024) Comprender una proposición quiere
decir, saber lo que es el caso, cuando este es verdad.
(2)
El segundo paso se apoya en la circunstancia de que yo entiendo la proposición
sin que se me haya explicado su sentido. Esto es lo que distingue las
proposiciones de las palabras: para entender una palabra han tenido que
explicárnosla; para entender una proposición, en cuanto considerado como unidad
distinta de sus componentes, no es preciso que se nos haya de explicar su
sentido.
Esta segunda razón se deriva del mismo concepto de proposición:
(4.027) Pertenece a la esencia de la proposición el que ella
nos puede comunicar un sentido nuevo.
(3)
El tercer paso consiste en percibir la necesidad de que mi comprensión
de la proposición se debe a algo que ya me es conocido, por desconocida que me
sea la proposición comprendida como
unidad. Por ello concluye:
(4.024): Se comprende una proposición cuando se comprenden
sus componentes.
(4.03): Una proposición debe comunicar con fórmulas viejas un
sentido nuevo.
(4)
El cuarto paso es: Si entender una proposición consiste en conocer la
situación de las cosas representada en ella misma, pero si esa familiaridad no
se da con la totalidad, sino con sus partes, y si finalmente ese conocimiento
familiar con el todo es distinto del que se tiene con sus elementos, entonces
sólo podrá lograrse entender la proposición a través de articular de un
determinado modo sus elementos.
Pero
si entender la proposición sólo es posible a través de una forma especial de
unir las partes de la proposición (sus elementos conceptuales), y -por otra
parte- consiste en el conocimiento de la situación fáctica (Sachlage),
entonces, entender la proposición tendrá necesariamente que consistir en que,
en la composición de los elementos, es decir, en la forma de captar su unidad,
se vea o escuche la situación fáctica representada.
(4.031):
En la proposición, por así decirlo, se prueba a realizar un montaje (como si fuera
una construcción hecha con las piezas de un Lego) de una situación fáctica
(Sachlage).
Pero,
¿cómo podremos "probar a realizar..." la reconstrucción de una situación
fáctica a partir de las partes de la proposición? Esto parece que sólo será
posible si los elementos de la proposición están en correspondencia inequívoca
a los elementos de la situación fáctica a representar. Con ello se llega al quinto
paso, que justifica ordenar las proposiciones a imágenes de la realidad.
(4.0311):
Un nombre está en lugar de una cosa, otro en lugar de otra cosa, y si se
encuentran relacionados, el total -lo mismo que una imagen viva- representa el
estado de cosas (Sachverhalt).
Con
esta proposición, Wittgenstein no se limita a explicar las relaciones entre
enunciados y proceso de conocer, sino formula una tesis ontológica, sobre la
misma realidad - de acuerdo a su
pretensión de que al explicar la esencia del lenguaje y sus
proposiciones también se explicará la esencia de la realidad (Diarios,
22.1.15): no sólo se articulan las proposiciones en elementos, sino también la
misma realidad. El lenguaje nos suministra pues los modelos o pinturas de la
realidad.
Y
ese modelar o pintar la realidad lenguajeándola, podrá pues representar otros
hechos de la realidad porque existe un isomorfismo entre las estructuras de la
realidad y la de los elementos relacionados en la proposición.
Así
pues, según esta teoría del lenguaje-imagen, esa correspondencia realidad-lenguaje
es concebida como relación entre la estructuración de los signos y la
estructura de los estados de cosas (Sachverhalt). Lo que es idéntico en la
proposición y en la realidad es la "forma
lógica" (Tract. 2.18) de la configuración de los elementos de la
proposición y del estado de cosas.
Esto
implica la siguiente teoría sobre el pensar
La
idea de Wittgenstein sobre el entender las proposiciones como conocer de la
realidad implica una teoría general de lo que es el conocer, o sobre como se
puede pensar sobre algo.
En
su razonamiento presupone una forma de comprender los actos mentales en que se
llega a las formulaciones verbales. Por eso afirmaba al comienzo de su
razonamiento sobre las proposiciones y su función representativa:
(4):
El pensamiento es la proposición con sentido.
Es
decir, pensar, llegar a un juicio sobre algo, no es otra cosa que producir una
pintura de ese algo (en el medium que es el lenguaje), no es sino ver en el
signo lingüístico la imagen de ese algo; pensar sobre algo no es sino hacerse,
con lenguaje, una imagen de ese algo.
Con
esta concepción, "teórica", Wittgenstein es consciente de que propone
una alternativa al tipo de análisis propuesto, por ejemplo, en la fenomenología
de Husserl.
(4.1121)
¿No corresponde mi estudio del lenguaje con signos al estudio de los procesos
mentales que consideran tan esencial los filósofos para la filosofía de la
lógica?
La
teoria sobre el carácter representativo del lenguaje, es decir, del lenguaje
como pintura de la realidad (Bildtheorie)
conlleva la tesis del "atomismo lógico": todos los objsetos se
constituyen por objetos simples lógicos de modo que los nombres puedan ser
eliminados en la forma de caracterizaciones
hasta que se llegue a nombres de objetos más simples, y esto es el caso
incluso cuando todo ejemplo de un nombre simple (como los datos sobre
sensaciones) pueda mostrarse facilmente que también es un complejo. Esta teoría
del atomismo lógico fue la que Russell desarrolló luego a partir de las
ideas de su alumno (durante los años en que Wittgenstein asistió a sus
seminarios en Cambridge 1911-13).
El
atomismo lógico del Tractatus es doble:
Por
un lado, se parte de que la realidad del mundo, en cuanto "hecho" (Tatsache),
se descompone en hechos (Tatsachen) atómicos desde la perspectiva lógica
y en los complementarios a esos hechos atómicos. Por otra parte se considera al
mundo en cuanto "cosa" (Ding), y así se desglosa en
cosas-atómicas (las cosas concretas y sus atributos), es decir, en lo que puede
entrar como un elemento de un "estado de cosas (Sachverhalt).
Ahora
bien, si se parte de que el espacio
lógico que subyace a ese "mundo" es el espacio lógico fundamental
para el conocimiento y que, consecuentemente, los estados de cosas atómicos
(atomare Sachverhalte) son representados por la secuencia S, entonces, las cosas
(lógicamente "atómicas") son precisamente las cosas individuales y
los atributos que les pertenecen los estados de cosas de la secuencia S.
Esto
permite entender la proposición
(2.021):
Los objetos forman la substancia del mundo. Por eso no pueden ser compuestos.
Esta
idea de substancia es distinta de las tradicionales (Aristóteles, Kant,
Spinoza). Se trata de un concepto en el nivel de abstracción en que se define
también el espacio lógico: en que lo único observado selectivamente son las
relaciones (se prescinde pues de toda connotación a contenidos).
Además,
esta "substancia" no es nada específico para el mundo observado según
la categoría "hecho". La secuencia S es el armazón básico
fundamental en que son observables todos los mundos posibles - que pueden
dividirse por particiones de S en dos clases. Por ello, todas las
cosas-atómicas en cxuanto elementos que aparecen en los estados de cosas
atómicos de S son algo comun a todos
esos posibles mundos: es decir aquello en que coinciden todas las relaciones de
esos mundos a las cosas.
Las
limitaciones que el Tractatus termina imponiendo al lenguaje (y a su análisis
como modo de depurar conocimientos) -(7). De lo que no se puede hablar hay que
guardar silencio- tienen una clara razón en su idea de que junto a la
"representación" del mundo en el lenguaje (la funcion "descriptiva")
también, tenemos al sujeto (sin el que el lenguaje ni sería utilizado, es
decir, ni sería él mismo realidad representational), y ese es un sujeto con
voluntad, y por ello: un sujeto ético. Como apunta Muguerza (1990: 525),
el kantismo de Wittgenstein estaba ya influido por Schopenhauer y la concepción
de éste del mundo como "voluntad y representación". Los predicados
'bueno' y 'malo' lo son del sujeto, no de objetos del mundo.
Russell
y Moore le familiarizaron con la idea de que la tarea central del trabajo
filosófico no era formular respuestas en "proposiciones filosóficas"
a las cuestiones sobre la realidad, sino aclarar el sentido de esas proposiciones
superando su complejidad mediante una descomposición analítica en sus elementos
básicos y desvelando su estructura. La "reflexión" filosófica no
debía pues plantearse sobre fenómenos manifestados a la subjetividad o
consciencia del filósofo, sino configurarse como bucle de segundo orden sobre
proposiciones (de primer orden).
En
ese período, el alumno Wittgenstein contribuyó ya al desarrollo del pensamiento
de su maestro Russell. El Tractatus logico-philosophicus publicado tras
la guerra, fruto de largos estudios previos, muestra de forma ejemplar la
técnica de una construcción formalizada lógicamente para obtener una imagen
filosófica de la estructura de lo real.
En
este tiempo se ocupó sobre todo del concepto de "regla" y de los
"comienzos" del pensamiento matemático, y a partir de 1944 amplió esa
reflexión al uso de reglas en la psicología. En las Investigaciones Lógicas abandonó su
primitiva idea de llegar a una fundamentación de la matemática para dedicarse
al estudio de las relaciones entre ver y pensar, los modos del conocimiento
etc.
Al
final de su vida trabajaba sobre el rechazo de Moore (en su filosofía del
common-sense) al Escepticismo y sobre la doctrina de Goethe sobre los colores.
En
contra de la superficial interpretación del Tractatus como de una especie de
Summa de las ideas del Empirismo Lógico y de una proclamación quasi-dogmática
del "reduccionismo", lo cierto es que, como él mismo afirmó, una
finalidad básica del Tractatus fue la de poner límites a las pretensiones del
pensamiento analítico para salvaguardar así ámbitos, sobre los que dicho
análisis, lo mismo que todo lenguaje "descriptivo", no tendría nada
que decir: la mística o la ética. Cualquier ataque desde la Filosofía Analítica
a lo religioso o a lo ético carecería pues de validez, pues sus instrumentos de
observación al centrase en el análisis del lenguaje científico, por así
decirlo, no tienen el poder de resolución preciso para observar tales campos de
la actividad humana.
Según
Kant, el territorio propio de la razón práctica (del uso práctico de la
razón) comienza a extenderse precisamente allá donde termina el territorio de
la razón teórica. Había pues que hacer un hueco, como formula Muguerza
(1990:157) a la razón práctica.
Los
epígonos de Wittgenstein orientados según la ideología neopositivista se han
basado en esta concepción para atacar precisamente a la ética que él quiso
salvar afirmando que ahí lo único que queda (dado que sólo admiten la
"razón teórica" como razón) sería la sin-razón (o mera retórica de emociones
etc.).
En
todo esto, Wittgenstein sigue un derrotero mental similar al de Kant que merece
la pena examinar con mayor detalle.
En
su filosofía del Tractatus, como han visto Stenius[1] y Apel[1], el análisis realizado sobre las
formas lógicas del lenguaje es análogo, en varios aspectos, a la deducción transcendental
kantiana: el análisis sobre un lenguaje universal es pues paralelo a la
deducción kantiana sobre la conciencia para hallar las estructuras o
condiciones "a priori" de todo conocimiento.
En
Wittgenstein es la forma lógica del lenguaje la que establece "a
proiori" ls condiciones de posibilidad de los enunciados sobre los
"estados de cosas". Estos, cuando son reales, es decir, cuando son
"hechos", constituyen en su suma el mundo (el equivalente al mundo de
los fenómenos en Kant).
Asímismo,
a las categorías kantianas de la intuición y entendimiento (condiciones
transcendentales para la objetividad de la experiencia) corresponde en el
análisis del Tractatus la sintaxis de un lenguaje universal (el del
conocimiento científico) en que se definen los ámbitos de posibilidad de
enunciados "con sentido".
Es
decir, en el Tractatus hay un nuevo "transcendentalismo", no de la conciencia,
sino del lenguaje.
A su vuelta a Cambridge en 1929, 15 después de su partida
para Noruega y luego a la Guerra Mundial, Wittgenstein había ya cambiado
radicalmente sus planteamientos. Como nota Muguerza (1990), Wittgenstein poseía
"el don de la perplejidad" (la misma actitud de admirarse -
zaumatsein - que Platón consideraba comienzo de la sophia).
Esta nueva forma de plantear las cosas implicaba, en parte,
una ruptura total con la filosofía del Tractatus: su "absolutismo" y
el "atomismo lógico" que son rechazados explícitamente en sus Investigaciones
Filosóficas (§ 46 ss).
El "absolutismo" se manifiesta en la tesis de que
la realidad, los "hechos" sólo pueden ser descompuestos, analizables,
de una sóla forma.
El "atomismo", en la tesis de que esa
descomposición conduce a los hechos "más elementales" o simples en
los que a su vez participan "átomos-cosa", es decir, individuos y
atributos que no es posible seguir descomponiendo.
La razón es simplemente: (en la comunicación humana, algo muy
distinto de las construcciones de lenguajes ideales) un enunciado (simple o compuesto)
no posee un único significado absoluto o invariante al contexto. Todo lo que
mentamos en nuestros enunciados es totalmente dependiente del contexto en que
los utilizamos, y que es también lo que determina el modo de construir y
combinar elementos del lenguaje en esas formulaciones.
Incluso en el caso límite (por su
simplicidad) del tablero de ajedrez, no basta responder que está compuesto de
64 elementos simples: 32 cuadrados blancos y de 32 cuadrados negros. También
podría pensarse en otra descomposición en tres elementos: color blanco, color negro
y esquema de red de cuadrados.
No parece arriesgado decir que Wittgenstein-II vió los
"estados de cosas" (Sachverhalte), con su estructura de
"mundos posibles", como una simple construcción metafísica
(especulación que ayuda a "comprender" la realidad, pero desconectada
de todo contacto con lo empírico). Paradójicamente este reconocimiento implica
que el Wittgenstein-I -y con él, todo el Empirismo Lógico aparentemente tan
fijado en lo "empírico"- estaría pues mucho más cerca de la
especulación idealista que el Wittgenstein-II al que se reprocha su recaida en
una filosofía de la subjetividad y en el análisis introspectivo.
Lo que se deja atrás es pues la presuposición (del realismo
ingenuo) de un mundo-en-sí, cuya articulación describiría, de forma
verdadera o falsa, el lenguaje ideal de la ciencia. Frente a esa concepción se
afirma que hay tantos modos de describir la realidad como formas de plantear la
descomposición, el análisis de esa realidad.
En lugar de limitar la pluralidad a los "mundos
posibles", es decir, al abandonar el monopolio del método de análisis
"lógico" (el mismo que se implica en la concepción del esquema
de explicación nomológica), se abre
una puerta a la praxis de la pluralidad de planteamientos[1]
(formas de descomponer, de analizar la realidad) por las posibilidades del
mismo lenguaje "normal" (el más rico de todos).
Esto no sólo implica el rechazo del monismo metodológico
absolutista (sólo hay una forma de analizar), sino también el abandono del
"atomismo". No tiene ni siquiera sentido hablar de que existe algo
meramente simple. Por ejemplo, el campo de un rostro (un ejemplo al que recurre
frecuentemente comparando lo que implica cambiar la forma de los labios, o los
ojos etc.) puede ser descompuesto en elementos de muchos modos. Ahora bien, si
no disponemos de un único modo de analizar o enfocar los objetos y problemas,
tampoco puede darse un único tipo de descomposición de proposiciones en otras
más elementales.
En relación a esta crítica de su anterior forma de plantear
el análisis (la descomposición buscando elementos-átomos) está su
distanciamiento del mismo concepto de "análisis" (InvFilos, 60-63;
90).
En la base de la posición de la Filosofía Analítica, cuando
insiste en que ha de realizarse un análisis exhaustivo de los significados de
los términos y del sentido de las proposiciones, está el pre-juicio de que
significado y sentido son algo objetivo, aunque oculto bajo la superficie
gramatical de los enunciados. El análisis filosófico debería llevar a
explicitar ese substrato que es lo que propiamente manifiestan los enunciados
del lenguaje. Wittgenstein
Critica estas pre-suposiciones como "esencialismo
filosófico", como esfuerzo, inútil, por el descubrimiento de las esencias.
Esto no equivale a negar toda funcionalidad al análisis, por
ejemplo, su función
terapéutica para la reflexión filosófica. Y en su segunda filosofía,
Wittgenstein presenta no pocas reflexiones como medios auxiliares terapeúticos
para superar confusionismos filosóficos. Pero en esas terapias no se pretenderá
ya haber descubierto el sentido verdadero de las formulaciones, un sentido
verdadero que otros enfoques no habrían podido detectar. Contra esa prepotencia
del anlista, él estaba demasiado consciente de la "contingencia" del
mismo "entenderse" en la comunicación verbal, Wittgenstein sólo
intenta ayudar a tomar conciencia de los por qués se asumen tales posiciones y
se presupone un poder poseer la verdad en sí.
Asimismo, Wittgenstein rechaza también su concepto anterior
de un "lenguaje exacto ideal".
Para él, se trata sólo de un "ídolo" o un "mito lógico". En
contra de toda la especulación sobre los lenguajes teóricos desarrollada en el
Círculo de Viena (en realidad, en todos los representantes del Empirismo
Lógico), afirma que lo que observamos como exacto depende del contexto, las
circunstancias, de la situación comunicacional en que planteamos cuestiones
como la del lugar o trayectoria exacta, la longitud, el tiempo etc (InvFilos
88). Aunque mi reloj no de una hora exacta (p.ej. según Greenwich) me bastará
para llegar a tomar un tren, es decir, "vale" para actuar en
situaciones prácticas. Y tampoco tiene demasiado interés el problema de la
tolerancia de un error al medir la distancia de Marte a la tierra con un
centímetro de diferencia. Exactitud e inexactitud formulan también
"valoraciones" (se alaba o se vitupera algo). Contra el ideal de la
exactitud en el Tractatus, Wittgenstein reconocer haber cometido entonces el
mismo error que ahora consideraba ser el fallo fundamental filosófico: en lugar
de examinar y describir el funcionamiento real del lenguaje, tal como se le usa
en la interacción comunicativa, había visto términos y enuciados a través de la
lente de "opiniones preconcebidas": entre ellas, la de que toda
formulación tuviera que cumplir necesariamente las exigencias de una lógica
ideal.
La renuncia a la exactitud del lenguaje idealizado se
extiende a negar la necesidad de una exactitud en los significados de las
proposiciones (InvFilos 79, 87). El contenido o significado del mismo concepto
de "exactitud" debe verse en referencia, no a unas relaciones abstractas
entre lenguaje y realidad, sino en referencia a la situación comunicacional en
que se usan las palabras y enunciados del lenguaje. Según la situación, una
formulación (¡ladrillo!) puede significar no que exista un objeto con ese
nombre, sino, por ejemplo, un imperativo (dámelo). Y como en la comunicación
todo comunicado puede explicarse (y sólo es posible hacerlo así) por otro comunicado
dentro del mismo flujo, los significados comunicados se explican por otros
comunicados[1].
En lugar de la exactitud (intensional) aparece la vaguedad y multisignficabilidad de los
enunciados. En lugar del "calcular" (posible en lenguajes exactos
estructurados more mathematico), ahora se propugna el "pensar"
humano - esencialmente abierto al futuro (en paralelo a la experiencia existencia
del estar lanzado al mundo, heideggeriano).
Esta forma de reinterpretar la función del lenguaje en el
contexto (social) de la comunicación implica, no sólo la pérdida de la
"exactitud" ideal del lenguaje, sino la esencial apertura del
lenguaje a la duda, la pregunta (la admiración o la sorpresa). Y eso es precisamente lo que permite llegar a
una forma de filosofar menos orientada al "theorein", a la mera
visión de la realidad, y más orientada a la praxis. La razón teórica, como en
Kant, es sustituida por la razón práctica.
En sus reflexiones sobre la "Filosofía" como
esfuerzo, como "renuncia" (en total paralelo a la concepción de
filósofos antiguos como Marco Aurelio), Wittgenstein concibe el filosofar más
como "forma de vida" (también los juegos de lenguaje eran "Lebensformen")
que como mera actividad mental sobre palabras. Para él, "el trabajo en
filosofía es justamente más .... un trabajo sobre uno mismo, sobre la propia
concepción. Sobre cómo ve las cosas uno"[1]. Y es ahí donde se encuentran los
"grandes problemas" - mientras que en el saber propio de la ciencia
nunca se tratan esos problemas esenciales
Aquí podemos recordar las preguntas
que Kant consideraba clave para todo filosofar:
Qué podemos saber? (ciencia, filosofía)
Qué debemos hacer? (moral, ética)
Qué podemos esperar? (religión)
Como preguntas que se compendian en la siguiente:
¿Qué es el hombre?
En
la evolución del pensamiento de W desde el enfoque inicial en el Tractatus
hasta las Investigaciones Lógicas, es básico el concepto de "juego de
lenguaje" (Sprachspiel; language game). Se trata de un concepto que
manejó en sus lecciones de los años treinta (1931-33), inicialmente uniendo su
consideración a la del "cálculo" (Gramática Filosófica I, § 26).
Por un lado, W afirma que, en general, el significado
de una palabra ha de equiparse con su uso, donde esto debe entenderse en el
sentido de una utilización de acuerdo a las reglas convencionales del lenguaje.
Pero, por otra parte, esa utilización debe estudiarse como algo no
independiente de las situaciones, de los contextos en que se utiliza. Esas
situaciones de comunicación son algo así como „juegos” sometidos a las reglas
del uso del lenguaje.
Al calificar de “juego de lenguaje” la comunicación
verba, W quiere subrayar “que el hablar un lenguaje es una actividad, o una
forma de vida:
"La palabra 'juego de lenguaje' debe (...) poner de
relieve que el hablar un lenguaje es una actividad, una forma de vida"
(Invest. Filosóficas § 122).
Hablar
del objeto más simple sólo tiene sentido en el contexto de un juego de
lenguaje. Esto implicaba abandonar la primera concepción del lenguaje como si
los términos tuvieran, independientemente del contexto comunicacional, un
significado propio. Por un lado, se afirma así que el significado de una
palabra de un lenguaje será, en general, idéntico a su uso según las
convenciones sociales que han acuñado dicho lenguaje. Pero, por otro lado, ese
uso no puede ser disociado de la situación vital (del "Sitz im Leben")
en que se le emplea. Son esas situaciones las que podemos ver como
"juegos" sujetos a las reglas establecidas (convencionalmente) sobre
el uso del lenguaje. Al denominar "juego" a este uso debe ponerse de
relieve que "el hablar un lenguaje es una parte de una actividad o de una
forma de vida" (Investigaciones Filosóficas I, § 23). Por tanto, el
significado de un término sólo estará determinado por el juego de lenguaje
concreto en que se le usa (de un modo similar a como se usa una pieza en
diferentes jugadas de ajedrez). Esta referencia al contexto de interacción en
que se habla debe entenderse enmarcada en la actitud de polémica de Wittgenstein
contra las interpretaciones en que el significado de un término parece
identificarse con entidades "ocultas" à(mentales).
El
término "juego de lenguaje" tiene pues un sentido mucho más amplio
que el del "acto verbal" (Speech Act). El empleo de la expresión metafórica de
"juego" indica que se trata de algo que sucede entre varios sujetos
que de una u otra forma admiten la vigencia de ciertas reglas (no tanto sobre
su interacción, como sobre el significado de los términos que emplean).
La
"metáfora" del juego es aquí el concepto clave para la construccion
del sistema teórico de las Investigaciones Filosóficas y es precisamente ella
la que permite ver mejor la diferencia entre la primera filosofía y la segunda
filosofía de Wittgenstein.
|
Concepción
en el Tractatus |
Concepción
en Investigaciones Lógicas |
|
La metáfora
de la "imagen" designa la función que desempeña el lenguaje
en el conocimiento del mundo |
La metáfora
del "juego de lenguaje" se realiza como representación
icónica de una "forma de vida" |
|
La
representación de un hecho real se efectúa mediante "símbolos" (el
lenguaje) - en el sentido de la Semiótica de Ch.S. Peirce |
La
representación de lo real que se da en el juego de lenguaje es
"icónica" (no simbólica en el sentido de Peirce). |
|
La
"verdad" es correspondencia entre el enunciado (una forma lógica) y
el estado de cosas real |
En lugar
de referirnos al problema de la verdad, (en la comunicación) lo que necesitamos
es la referencia a los contextos de la acción. |
|
El
lenguaje es meramente "re-presentación" de lo real (según el
concepto griego del ver-hablar; theorein, Logos) |
El
lenguaje es sólo parte del sistema de acciones humanas; lo que se realiza en
la acción es al mismo tiempo "comprendido" al hablarlo. |
|
|
|
Las
diferentes estructuraciones de estos juegos de lenguaje posibilita también
caracterizar los distintos modos gramaticales (el llamado nivel de la gramática
superficial). Pero a nivel de gramática profunda también hay innumerables tipos
de proposiciones. (Invest.Filos. § 664).
Las
reglas de esa gramática profunda no deben ser malentendidas como si ellas
regularan el mismo curso de esos juegos (equívoco cognocitivista), sino en el
sentido de articular sólo la operación del comprender que sigue al hacer y que
ha sido entrenado (ejercitado). No regulan pues omportamientos (el malentedido
en la interpretación behaviorista de los signos tal como lo defendió Morris).
Wittgenstein
utiliza el concepto de "juego de lenguaje" para aclarar además los
fenómenos de la comunicación verbal en referencia a un modelo simplificado de
juego de lenguaje que le sirve de esquema para establecer comparaciones.
Gracias
a este peculiar método de análisis de esos fenómenos verbales, Wittgenstein
puede rechazar las teorías más generales sobre la "esencia" del
lenguaje.
Un
aspecto muy importante de la nueva concepción es la función que asigna
Wittgenstein a esos juegos de lenguaje: funcionan como "objetos de
comparación" (Invest.Filos.§ 130) o como "esquemas"
(Invest.Filos. § 73), tanto en lo que concierne a los modos de ver el mundo (world views)
como a los modos de vida en él (ways, forms of life). Pero para ello es preciso que el
lenguaje usado sea comprendido mediante una reconstrucción de su contexto vital
(Sitz im Leben). Esto es, se
trata de observar el fenómeno del uso (comunicacional) del lenguaje en
referencia a los elementos vitales de un interacción sujeta a ciertas reglas
(como todo juego), no en una visión abstracta en que sólo se atiende a los
signos empleados (o a las reglas sintácticas que determinan formas válidas de
unirlos etc.). Esa meta-observación no seguirá ya el programa logicista dictado
en el Tractatus, no buscará explicar causalmente los fenómenos del uso del
lenguaje, sino simplemente quiere "describir".
"Hay que dejar de lado toda explicación, y en su lugar debe estar sólo la descripción" (Invest. Filosof. § 105).
Incluso
sería un obstáculo a la crítica filosófica del lenguaje ese querer lograr una
explicación (nomológica), es decir, intentar comprender la realidad a partir de
presupuestos lógico-teóricos como se hace en ese modelo causal. Por eso afirmaba:
"creemos que tenemos que encontrar aquel orden, el
ideal, en el lenguaje real" (Invest. Filosóf. § 105).
En
lugar de una observación sujeta al esquema de explicación jerarquizada (desde
principios o pautas superiores) en inferencias deductivas, lo que Wittgenstein
propugna aquí es un total giro epistemológico. Abandonar todo el esquema o
modelo tradicional basado en el potencial analítico y deductivo de la mente [lo
que a su vez implica realizar toda operación de observación desde pre-juicios
teóricos] y buscar un modo de acercamiento a la comprensión de la realidad muy
similar al programa husserliano: "A las cosas mismas". Es decir, se
renuncia totalmente a las pretensiones de reconstrucción lógica, elaborando una
sintaxis de lenguajes exactos o formalizados, así como también a utilizar tal
reconstrucción con la finalidad terapeútica de eliminar los falsos problemas de
la metafísica, ética o religión.
Por
esto es comprensible que el Wittgenstein-II se dedicara, no al examen o
fundamentación de la matemática (como había hecho el Wittgenstein-I siguiendo
el sendero trazado por Russell), sino, en la ruta abierta por Moore (al que
había sucedido en Cambridge) volviera a los fenómenos vistos sencillamente, sin
más pre-juicios y filtros lógicos. El esquema de explicación seguido en la
matemática o en la ciencia natural es así rechazado como esquema universal.
M. Black (1979): Wittgenstein's
language-games. Dialectica 33: 337-353.
H. Hervey (1961): The problem of the
model language-game in Wittgenstein's later philosophy. En: Philosophy
36: 333-351.
M.B./ J.Hintikka (1986):
Investigating Wittgenstein, ch. 11: Differences and interrelations among language-games.
Oxford (272-304)
H. Lenk (1967): Zu Wittgensteins Theorie der
Sprachspiele. Kantstudien, 58: 458-480.
K. Wuchterl (1969): Struktur und Sprachspiel bei
Wittgenstein. Frankfurt.
F. Waismann (1976): Logik, Sprache, Philosophie.
(ver Stegmüller/Kripke pp. 59
ss.)
La crítica se desarrolla en tres pasos cada uno más duro que
el anterior.
(1) Comprender como vivencia accesible introspectivamente
Se admite la existgencia de fenómenos accesibles a la
introspección, se presupone que el comprender, o el opinar, son vivencias con
una cualidad especial.
La objección es smiliar a la que se hace a la teoría de las
disposiciones: no se ve como este tipo de propuesta puede suministrar una
justificación, y por tanto una respuesta al desafío del escepticismo.
Para explicar mejor en qué consiste esta dificultad, Kripke
parte de la simple suposiciòn de que comprender un significado sería algo así
como tener un tipo de dolor de cabeza. Esto es evidentemente algo insuficiente
para cualquier argumentación, pero en esa situación es admisible. Las cualidades
que presenta el teórico de la percepción interna sólo se dan empíricamente. Y
por eso es admisible hacer hipótesis a partir de esos datos empiricos, que
ciertamente no son adecuados, pero que en rigor
----------------------
Este
programa viene unido a su rechazo de la metafísica y al "principio de
cálculo que Joachim Schulte denomina "principio del contexto o del juego
de lenguaje (4) (además ligado a la obra de Frege "Grundlagen der Arithmetik"
- nota 5).
Se
trata de un principio muy simple: para que una actividad comunicacional (con el
lenguaje) tenga éxito, para que un elemento de esa actividad tenga sentido, es
necesario que se den ciertas condiciones contextuales (el entorno de un modo de
acción). ¿Puede aullar un perro su dolor en una situación en que no sufre? Para
que ese aullido exprese realmente dolor deberá existir una constelación de
condiciones especialess (Inv. Filos. § 250). Nota 6
En
contra de la idea neopositivista de que una proposición protocolo es verdadera
simplemente por responder a una sensación, para Wittgenstein es decisivo
insertar el entorno en la interpretación (nota*7*). Se puede llorar de alegría
o de pena, en el caso de una boda es de esperar que el contexto supere esa
ambigüedad en la interpretación. La actividad verbal es absurda fuera de su
contexto y las condiciones extra-verbales en que se da la actividad
comunicativo-lingüística.
En
esta concepción se manifiesta una continuidad con su anterior teoría del
significado: Una palabra sólo tiene sentido en el contexto de una proposición
(Tractatus 3.3).
También
usa Wittgenstein las metáforas del entretejido de la alfombra de la vida (Inv.
Filos. p. 174), o del Todo (Inv. Filos. § 23). Observa pues este campo de
fenómenos, el del lenguaje en la comunicación real, desde una perspectiva
holística, en los antípodas a la consideración reduccionista del Empirismo
Lógico.
Pero
en esa fase intermedia, Wittgenstein todavía no usa la categoría de "juego
de lenguaje" sino la del "principio de cálculo"
("Kalkülprinzip")[1].
Esto
viene unido a su interés por la matemática, para cuya meta-observación es
lógico empleara la categoría del cálculo. Pero también la aplica a la Gramática
Wuchterl
(1969) planteó su interpretación del desarrollo de Wittgenstein en referencia a
este concepto del cálculo.
Un
cálculo (matemático) es en primer lugar un sistema de reglas. Todo cálculo es
completo y constituye un mundo autónomo. Si cambio las reglas del cálculo surge
otro cálculo nuevo. Por eso es problemático hablar de mejoras de un cálculo.
Por otra parte no puede admitirse algo así como un meta-cálculo: admitirlo
sería equivalente a aceptar que existe un punto de vista superior, fuera de las
unidades delimitables que implica todo cálculo y ver como posibles unas teorías
generales sobre los contextos en que se aplican las reglas del cálculo. Pero
eso no es admisible.
Sólo
podemos trabajar "dentro de un sistema", pero nunca podremos actuar o
manejar de modo general sobre sistemas (MS 105: 33).
El
cálculo es sólo un instrumento de trabajo, no un objeto de la teoría (es una
forma de observación, que naturalmente no es observable mientras se la
realiza).
Lo
importante es aquí que el cálculo sea comprendido en relación al concepto de
"operación" (la distinción operación-contenido) y eso implica a su
vez una comprensión de la Praxis. Por tanto, Cálculo = Calcular. Y este es
también el punto central en su crítica a la metafísica.
Ese
principio afirma lo siguiente: las unidades de acción verbal sólo tienen
sentido dentro del marco de una operación-cálculo; es decir, en el marco de un
sistema verbal definido por reglas.
(i)
No hay ningún metacálculo. El cálculo, como totalidad, es algo irrebasable
(unhintergehbar), y sobre sus reglas no es posible construir otras meta-reglas:
no puedo, con el lenguaje, ir más allá de, o sobre el lenguaje ("hinter
die Sprache zurück"; "über die Sprache hinaus"
(ii).
nota*9* El cálculo sólo tiene pues sentido como praxis del calcular, no hay
metacálculo, y no es posible llegar, según Wittgenstein, a explicaciones
universales sobre el mundo o el lenguaje (no podemos escapar o rebasar los
horizontes en que vivimos o pensamos).
Pero
la autocomprensión de la metafísica es vista por Wittgenstein precisamente en
querer suministrar tales explicaciones universales sobre el mundo y el lenguaje
y crear una especie de super-cálculo que se ocuparia
a.
de
observar los límites de los otros cálculos;
b.
de
semejante manera rebasar el mismo lenguaje
La
metafísica querría operar no con el lenguaje, sino con conceptos de orden
superior, que serían los que crearian incluso la posibilidad de calcular. El
metafísico querría estar sobre el lenguaje nota*10*,
Desacoplarse
del uso y praxis de ese calcular, y llegar a un radicalmente nuevo cálculo.[1]
Por
eso trabaja con conceptos como Yo, Mundo, Ser, Objeto (nota *12*), que, para
Wittgenstein son
a.
conceptos
"demasiado grandes",
b.
no
están anclados en la praxis real.
(a)
Son demasiado grandes ("zu groß")
No podemos cometer aquí ningún error, no es
posible generar más alternativas a estas proposiciones. Y si no, ¿qué tipo de
proposición es una afirmación metafísica como la de “yo me maravillo de que
exista el mundo? ¿es acaso una proposición empírica (MS 114: 184)? ¿Puede
decirse que esa proposición es verdadera o falsa? O: ¿Es esa proposición una
hipótesis que podría ser confirmada o refutada por la experiencia? Y si lo
formulamos de otro modo: ¿existen alternativas a esta proposición?
Wittgenstein
niega claramente todas estas cuestiones (como preguntas mal formuladas, en el
fondo: sin sentido) y considera que no poseemos ningún criterio para distinguir
entre proposiciones metafísicas “verdaderas” o “falsas”. Por ello llega a la
conclusión de que la Metafísica se ha estructurado en forma tal que está
inmunizada a la crítica – incluso a nivel de la gramática que deben seguir sus
proposiciones para tener un mínimo de sentido – y que es una empresa que puede
ser peligrosa, al menos en cuanto se la examina con los métodos de la Analítica
del Lenguaje.
Bedingung für die Sinnhaftigkeit eines Satzes ist
ja, daß es
Alternativen zu diesem Satz gibt; die
Selbstverständlichkeit der
Welt drückt sich eben in dem Umstand aus, daß die
Sprache nur sie
bedeuten kann; es ist keine Sprache denkbar, die
nicht diese Welt
darstellt (MS 108: 49). Nur was wir uns auch anders
vorstellen
können, kann die Sprache sagen; was zum Wesen der
Welt gehört,
kann die Sprache nicht sagen (MS 114: 40). Die
Metaphysik
arbeitet also mit dem Anspruch einer "radikalen
Grammatik", die
unsere Sprache nicht leisten kann. Metaphysische
Äußerungen
fallen unter das Verdikt der Unsinnigkeit.
(b) "Sie sind nicht in der Praxis
verankert": Die Wörter, mit
denen die Metaphysik umgeht, werden in einem
"ultraphysischen
Sinn" (MS 114:18; BT 430) angewandt*15*. Daher
kann der Kalkül
nicht mehr mit diesen Wörtern arbeiten, da die
entsprechenden
Regeln des Gebrauchs mißachtet werden. Die einzelnen
Elemente
eines Kalküls haben ja nur über die Operationen
Sinn, eine Regel,
die niemals befolgt wird, ein Spiel, das nie
gespielt wird, ein
Kalkül, mit dem nie operiert wird, sind
unbrauchbar.*16* Die
Metaphysik, die am Philosophenschreibtisch entsteht,
geht an der
konstitutiven Funktion der sprachlichen Operationen
vorbei. Man
kann nicht etwas Sprache nennen, was nie angewandt
wird (MS 110:
59). Und anwenden heißt: im menschlichen
Handlungszusammenhang
gebrauchen.
Metaphysische Äußerungen vernachlässigen die
Kontextbedingungen
und setzen eine radikale Grammatik voraus, die die
"gemeinsame
menschliche Handlungsweise"*17* nicht
überbrücken kann.
Bekanntermaßen besteht ja der Zugang zu fremden
grammatischen
Strukturen (klassisches Beispiel: der fremde
Stamm)*18* darin,
sich auf eine gemeinsame Handlungsweise oder
wenigstens gewisse
gemeinsame Handlungsstrukturen zu berufen. Da
metaphysische
Äußerungen aber nicht im Lebenskontext verankert
sind, bleibt
diese Türe der Verständigung verschlossen. Die
Begegnung
Wittgensteins mit dem Stamm der Metaphysiker
scheitert eben
daran, daß die Metaphysiker keine Zeremonien, Riten
und
Brauchtümer pflegen.
Die Konsequenzen, die sich daraus ergeben,
sind bekannt und in
dem Stichwort von der "theoriefreien
Philosophie"
zusammenzufassen.*19* Das Kalkülprinzip läßt nur ein
Handeln
innerhalb von Kalkülen bzw. ein Beschreiben von
Kalkülen ohne
Metaanspruch
zu.
(3)
El principio de cálculo, con el que Wittgenstein fundamenta su rechazo de toda
operación a un meta-nivel, es al mismo tiempo el nexo entre su reflexión
filosófica sobre la matemática, y su filosofía del lenguaje. En los años de
transición, uno tiene la impresión de que se trata de "two sets of
problems", tratados de forma separada. Pero luego se constata que existe
un claro nexo en su modo de ver las cosas: el "principio de cálculo"
que le sirve para considera el sistema en las matemáticas y, como sistema de
proposiciones, en la filosofía del lenguaje. El principio de cálculo es también
lo que le permite traspasar cuestiones y conceptos de la matemática a la filosofía
del lenguaje, y métodos de la filosofía del lenguaje a la matemática.[1]
en. Das Kalkülprinzip ist es auch, das
Fragestellungen und Begriffe der Mathematik in die
Sprachphilosophie überführen*20* sowie Methoden der
Sprachphilosophie in der Mathematik anwenden*21*
läßt. Damit
werden konstruktive Elemente einer operativ
verstandenen
Mathematik über den Kalkülbegriff als
konventionalistische
Bausteine in die Sprachphilosophie transferiert.
Interessanterweise führt Wittgenstein die Begriffe
"Logik" und
"Grammatik" in den frühen 1930er Jahren
parallel.
Das Kalkülprinzip trägt auch konsequent zur Ablehnung
von
"Metamathematik" und
"Metaphilosophie" bei: Wittgenstein
betrachtet mathematische Systeme als "eine
Welt" (MS 105: 29);
ich kann nur INNERHALB eines Systems reden, nicht
allgemein VON
Systemen (MS 105: 33), jeder Satz der Mathematik muß
einem Kalkül
angehören (BT 637). Da es einen Metakalkül nicht
geben kann, weil
der Kalkül den Kalkül voraussetzt (MS 107: 209),
kann in der
Mathematik alles "auf einer Stufe"
behandelt werden (MS 106:
163), in der Mathematik gibt es kein
"Noch-nicht"*22*, keine
prinzipiell unbeantwortbaren Fragen (MS 106: 139),
Wirklichkeit
und Möglichkeit liegen auf einer Ebene (MS 113:
196). Es gibt
keine Metamathematik, weil die Mathematik - eben
weil sie ein
Kalkül ist - nur "Unwesentliches"
ausdrücken kann (MS 110: 10).
Operationen mit den logischen Kalkülen können keine
Wahrheiten
ÜBER die Mathematik zutage fördern (MS 110: 11). Und
eben der
Operationsbegriff und damit ein Verständnis von
Praxis ist
grundlegend für die Mathematik: Die Mathematik
besteht aus
Rechnungen, die Mathematik besteht ganz aus
Rechnungen (MS 111:
62). Es gibt auch keine "führenden Probleme der
Logik" (MS 110:
189), so wie es keine Metaphysik gibt, so gibt es
keine Metalogik
(MS 110: 189). Wie alle Kalküle sich auf einer Ebene
befinden (MS
113: 11), so ist jede Sprache, was sie ist, und eine
andere
Sprache ist nicht diese Sprache (MS 112: 204). Die
Mathematik
erfährt damit bei Wittgenstein eine pragmatische
Wende und erhält
eine anthropozentrische Note.
Die Philosophie hat es gemäß dem Kalkülprinzip
ebenfalls mit
Kalkülen, nämlich mit regelgeleiteten
Sprachkontexten zu tun,
nicht mit einem ausgezeichneten Kalkül und nicht mit
einem Kalkül
vor allen Kalkülen (MS 111: 110) - wäre dem nicht
so, gäbe es
eine Metaphilosophie und die kann es aufgrund des
Kalkülprinzips
nicht geben. Wittgenstein weist darauf hin, daß man
alles, was er
zu sagen habe, so darstellen könnte, daß dies als
ein leitender
Gedanke erschiene (ibd). Die Philosophie verfügt
nicht über eine
Metasprache, die der Praxis gegenüber entpflichtet
wäre. Und über
eine Rede von "Metapraxis" würde
Wittgenstein bestenfalls
lächeln. Die Philosophie ist daher ein deskriptives
Unternehmen,
ein klärendes Handeln auf der Ebene der Grammatik,
sie schafft
eine "übersichtliche Darstellung" des
Gegebenen und läßt alles
unverändert.*23* Im Hintergrund steht hier
augenscheinlich die
Idee des Kalküls, dessen Regeln übersichtlich und
klar sind.
Aufgabe der Philosophie als "Verwalterin der
Grammatik" ist es,
die grammatischen Regeln nach Vorbild eines Kalküls
übersichtlich
und klar darzustellen.
Das illustrierende Beispiel UND Modell, das an der
Schnittstelle von Philosophie der Mathematik und
Sprachphilosophie von Wittgenstein gegeben wird, ist
das
Schachspiel, das nach Regeln funktioniert und bei
dem es keine
"Metaschachsteine" gibt. Wenn Wittgenstein
von "Kalkül" spricht,
kann es hilfreich sein, an das Schachspiel zu
denken, das einen
kulturellen Aspekt ("Spielen") mit dem
mathematisch relevanten
Aspekt ("Klare Regeln") verbindet.
(4) Die Ablehnung der Metaebenen über das
Kalkülprinzip, die sich
in den Umbruchsjahren am nachhaltigsten
manifestieren, hat
gravierende Auswirkungen und eine nicht zu
unterschätzende
Reichweite: Die Konsequenzen lassen sich über die
Stichwörter
"Metaregel" (a), "Metalogik" (b)
und "Metasprache" (c)
andeuten. Diese Stichwörter stehen zugleich für
Wittgensteins
"praxeologischen Fundamentalismus"
(Haller), für Wittgensteins
Bedeutungstheorie und für Wittgensteins Hinwendung
zur
Umgangssprache.
(a) Der Ausdruck einer allgemeinen Regel ist auch
ein Zeichen,
das in einem Kalkül verwendet werden muß (MS 109:
221) und nicht
etwa eine "Regel über Regeln". Hinter die
Regeln kann man nicht
kommen, weil es kein Dahinter gibt (MS 111:70). Eine
Regel, um
der Regel eines Kalküls zu folgen, gibt es nicht. Die
Begründung
von Regeln findet ein Ende. Und dieses Ende ist die
Praxis. Der
Punkt, an dem ich sage "So handle ich
eben"*24* oder "Dieses
Sprachspiel wird gespielt"*25* oder "So
rechnet man"*26* oder "So
ist das menschliche Leben"*27* macht jeden
weiteren (gerade auch:
metaphysischen) Begründungsversuch zunichte. Die in
ÜG 34
aufgeworfene Frage, ob man denn auch dem Lehrer, der
uns das
Regelfolgen beibringt, trauen könne, unterstreicht die
Absurdität
dieses Verlangens: "Kann man aus einer Regel
ersehen, unter
welchen Umständen ein Irrtum in der Verwendung der
Rechenregeln
logisch ausgeschlossen ist? Was nützt uns so eine
Regel? Könnten
wir uns bei ihrer Anwendung nicht wieder
irren?"*28* Insofern es
sich um eine Regel handelt und insofern diese Regel
im Handeln
grundgelegt ist, ist sie ein Letztes und nicht
weiter
begründbar.*29* Damit wird der innere Zusammenhang
von Praxis und
dem Kalkülprinzip für die Fundierung des
Regelfolgens
konstitutiv.
(b) Wittgenstein fühlte sich durchaus nicht immer
von der Idee
einer Metaebene unversucht. Stephen Hilmy weist auf
Manuskriptstellen aus den 1930er Jahren hin, in
denen
Wittgenstein von seiner früheren Versuchung, eine
Metalogik
anzunehmen, spricht.*30* Unter Metalogik versteht
Wittgenstein in
den Umbruchsjahren die Bestrebung, die Bedeutung
psychologischer
Begriffe wie "Verstehen",
"Meinen", "Beabsichtigen"
ausschließlich auf psychische Phänomene
zurückzuführen und damit
eine psychologische Hintertür zu einer Bühne
einzusetzen, die auf
die Sprache im Zuschauerraum hinabblicken läßt. Diese
Metaebene
macht Konstellationen wie "das Verstehen
verstehen", "das Deuten
deuten", "das Meinen meinen"
möglich.*31* Einem infiniten Regreß
sind damit ebenso Tür und Tor geöffnet wie einer
privaten
Sprache. Um dies zu vermeiden, verklammert
Wittgenstein
sprachliches (gemeinschaftliches) Handeln und
psychische
Ausdrücke: Das Verstehen fängt erst mit dem Satz an
- dadurch hat
man die Bedeutung des Wortes "Verstehen"
auf ein bestimmtes
Gebiet festgelegt. Es gibt keine Metalogik, auch das
Wort
"Verstehen" ist nicht metalogisch (MS 114:
62).*32* Wiederum
federt das öffentliche Handeln die Gefahr privater
Metainstanzen
("Nur ich kann wissen, ob ich wirklich Schmerzen
habe")*33*
ab. Mit der These "Man hat nicht die Sprache
und daneben die
Gedanken" kann Wittgenstein seine pragmatische
Bedeutungstheorie
fundieren, den sprachlichen Umgang mit psychischen
Phänomenen
vergemeinschaften sowie die Installierung einer
privatsprachlichen Metaebene*34* und einer
psychologischen
Hintergehbarkeit der Sprache*35* vermeiden.
(c) Eine derartige Hintergehbarkeit hätte eine
"phänomenologische Basissprache"
nahegelegt, von der Wittgenstein
Anfang der 1930er Jahre gesprochen hatte und die die
unmittelbare
Erfahrung exakt abbilden sollte. Dies war wohl mit
Wittgensteins
Versuchungen gemeint, eine Metalogik anzunehmen. Die
diesbezüglichen Thesen Jaakko Hintikkas sind seit
den 1980er
Jahren bekannt.*36* Das Projekt einer
phänomenologischen
Basissprache, die geeignet ist, Sinnesdaten adäquat
wiederzugeben, kann auch als Projekt einer
Metasprache verstanden
werden, die die Sprachspiele der Umgangssprache
transzendiert und
sogar eine ausgezeichnete Instanz schafft, die
unseren normalen
Sprachgebrauch kritisiert. Das Scheitern einer
solchen
Basissprache kann mit dem Scheitern von Metaebenen
ineins gesetzt
werden. Entscheidend bei diesem Scheitern war ja die
Einsicht,
daß unsere Umgangssprache für unsere Zwecke hinreichend
exakt ist
und daß auch gewisse Begriffe in der Mathematik
("Zahl",
"Kalkül") unscharfe Bedeutungsränder
aufweisen. Damit kann der
Zusammenhang zwischen "Ablehnung der
Metaebenen" und "Hinwendung
zur Umgangssprache" nicht unterschätzt werden.
(5) Wittgenstein lehnt also die Metaphysik mit
Berufung auf sein
Kalkülprinzip ab. Über dieses Prinzip kann er sich
auch gegen
eine Meta- (und damit theorieerzeugende) Philosophie
und die
Möglichkeit einer Metamathematik wenden. Die
Fundierung von
Kalkülen in der Praxis bringt die Ablehnung von
Metaregel,
Metasprache und Metalogik. Das Kalkülprinzip wird
Wittgenstein
später zum Sprachspielprinzip unter zunehmender
Berücksichtung
außersprachlicher Kontextbedingungen ausbauen. Sein
deskriptives
Programm ist jedoch bereits grundgelegt:
Wittgenstein
comprende la matemática en un sentido constructivista. La misma idea de un
seguir reglas, concepto que hereda la idea del "cálculo", es vista
como anclada en la acción humana. Nuestro lenguaje (en el sentido de
"habla") es algo que debe comprenderse como lenguaje del participante
en un juego entre varios. El lenguaje cotidiano, no el formalizado artificiosamente,
es el correctivo superior. La filosofía se configura como una actividad de
análisis terapéutico del lenguaje.
Hilmy
(1987) ha subrayado que el modo de pensar del segundo Wittgenstein se había ido
configurando en los años de ruptura con su primera concepción en el Tractatus.
No es pues casual que en las Investigaciones filosóficas se hable tanto de ese
período[1]
nicht von ungefähr, daß wesentliche Teile der PU auf
diese Zeit
zurückgehen.*37* Die Demontierung säntlicher
Metaebenen in den
Umbruchsjahren hat Wittgenstein befähigt, sorgsam
die
Problemlandschaft "kreuz und quer, nach allen
Richtungen hin zu
durchreisen"*38* Aus der Vogelperspektive wäre
das Ergebnis
anders ausgefallen - man möchte sagen: it wouldn't be him.
Wittgenstein, en sus PU orienta el foco de su observación
metateórica a la dimensión comunicacional y pragmática, la de los "juegos
de lenguaje" insertos a su vez en la pluralidad de distintas "formas
de vida". La comunicación no es primariamente transmisión de contenidos
cognitivos sino es la forma natural en que el ser humano realiza su vida con
otros (de ahí, esa esencial dimensión comunicacional-pragmática).
El significado de las formulaciones verbales, y el de los
conceptos, no está pues determinado por estructuras independientes (abstractas
a nivel de ideas, o definidas en un sistema de lenguaje), ssino se va
constituyendo, también de forma evolutiva, a lo largo de las formas en que se
van usando los términos en esos juegos de lenguaje. El contexto de una
formulación no es pues el simple texto (como en algunas interpretaciones de la
hermenéutica), sino es un contexto de "praxis comunicacional".
Esto es lo que llevó a los influidos por Wittgenstein (en la
Filosofía del Lenguaje Ordinario de Oxford) al abandono del"lenguaje
formalizado" como punto de partida más seguro y a dedicarse al análisis
del "lenguaje ordinario".
Pero Wittgenstein mantiene también en su última filosofía la
idea del Tractatus de que la "lógica-gramática" del lenguaje (el que
sea) determina decisivamente el modo en que el ser humano accede a la realidad.
Por tanto, una vez abandonadas las ideas de un lenguaje ideal, es desde la
pluralidad de las formas de vida y de lenguaje desde donde también habrá que
observar la pluralidad de las formas de concebir la realidad.
"En la última filosofía de
Wittgenstein, al depotenciarse el lenguaje monopolizador de las ciencias
naturales se abre paso al pluralismo de los lenguajes naturales que ya no
apresan teóricamente la realidad en un único marco de comprensión del mundo,
sino que la sitúan práctcamente en los diversos mundos de la vida. Las reglas
de estos juegos de lenguaje constituyen gramáticas tanto de lenguajes como de
formas de vida. A toda ética o forma de vida corresponde su lógica propia, es
decir, la gramática de un juego de lenguaje determinado, no reductible."
(Habermas: Lógica de las Ciencias Sociales, 1988, pg. 211).
Es a partir de esta liberación frente a los railes al
pensamiento que implicaba, en el Tractatus, el tenerse que formular en un
lenguaje único, como se han desarrollado una serie de nuevos intentos de
filosofía de la ciencia (como el de Habermas). Entre estos destacan tres líneas
de desarrollo que parecen más relevantes para el estudio de las Ciencias
Sociales:
(a)
En 1958 apareció el libro de Winch:
"The Idea of a Social Science"
con el que quería fundamentar una Ciencia Social estructurada como
"ciencia que comprende" (contrapuesta a la que sólo ofrece explicaciones
nomológicas). Esta iniciativa, aunque mezclada con las ideas de la Lingüística
de Chomsky (1965) y con la dicotomía entre Explicar y Comprender formulada por von Wright (1974) promovió una serie de intentos, sobre todo en
el ámbito alemán, para fundamentar las Ciencias Sociales en el análisis del
lenguaje -que además iría más allá del ámbito de la crítica enfocada desde el
marxismo ortodoxo.
(b)
También Wittgenstein influyó sobre la idea de Kuhn sobre las revoluciones científicas con su tesis de la
incomensurabilidad y cambio de paradigmas. El "paradigma"
muestra muchos puntos comunes con la idea de las "formas de vida y
lenguaje" de Wittgenstein. Cada grupo de científicos que comparte un
paradigma dispone de un juego de lenguaje propio y comparte también reglas (por
ejemplo, metodológicas) que constituyen la forma de vida de una "scientific
community" de este tipo.
(c)
Y también el discípulo (y crítico) de Popper, Feyerabend, en su "Conocimiento
para hombres libres" (Erkenntnis für freie Menschen) se aproximaba
mucho a la idea de los juegos de vida y lenguaje. Feyerabend habla así de
"tradiciones" que caracteriza como formas de pensar y actuar y que
tienen una componente de desarrollo histórico. El relativismo wittgensteiniano
llega aquí a su punto culmen ante la pretendida superioridad de las tradiciones
científicas sobre las no científicas (saberes cotidianos).
(d)
Hübner (1978) en su "Kritic der
wissenschaftlichen Vernunft" (Crítica de la razón científica) se mueve en
un entorno similar. Las tradiciones de comprensión teórica o de investigación
son así comprendidos como "sistemas históricos de reglas" que
funcionan paralelamente a otros no científicos.
Pero la afirmación básica que puede desprenderse de toda la
crítica tanto de Wittgenstein como de sus continuadores es la de que es
isostenible la visión de una ciencia construida sobre un paradigma único de
métodos, lenguaje unificado, o presuposiciones (a modo de axiomas) básicas y comunes
a todo saber científico, donde entre esas presuposiciones debe destacarse la
afirmación de una única teoría de la verdad como correspondencia entre la
realidad y su representación cognitiva.
A la diversidad de los juegos de vida y de lenguaje, reconceptualizada
como "inconmensurabilidad de los contextos" del saber (Kuhn,
Feyerabend) responde, por otro lado, la "poly-contexturalidad"
(G.Günther) de toda la trama lógica de los distintos saberes, incluso
científicos.
Por tanto, los enunciados coherentes o válidos en un contexto
A no pueden ser reducidos a los enunciados de un contexto no-A.
El "significado" de los conceptos dependerá pues no
sólo del sistema de reglas de la gramática-lógica de cada lenguaje, sino
también del contexto total (la vida está en la base del mismo juego de
lenguaje).
Los contextos no son ni comparables ni reducibles a una
especie de meta-contexto.
Pero eso no excluye (contra lo afirmado por Maruyana) la
posibilidad de una (atormentada, difícil y siempre inadecuada) traducción
(Habermas 1977: 252).
De aquí hay que pasar la discusión del concepto de
"contexto".
NOTAS
[1] Apel, K.O. (1975): Die Entfaltung der
Sprachanalytischen Philosophie und das Problem der Geisteswissenschaften. Philosophisches
Jahrbuch, 72; München.
Apel, K.O.
(1966): Wittgenstein und das Problem des hermeneutischen Verstehen; Zeitschrift
für Theologie und Kirche. 63 (1): 49 ss.
[1] En estas reflexiones, Wittgenstein anticipa la nueva concepción
sistémica sobre la comunicación, y su clausura
operacional (sólo se puede comunicar sobre la misma comunicación) tal como
ha sido elaborada por Luhmann.
[1] Wittgenstein: Filosofía (§ 86 - del "Big Typescript" -
nr. Catálogo 213) En: Ocasiones Filosóficas.
[1] Schulte (1992), Wuchterl (1969).
[1] "en el sentido de las reflexiones de Wittgenstein, que
apuntan a la idea de que no podemos introducir ninguna nueva regla para los
juegos de lenguaje que no hubiera sido desarrollada en conexión a juegos de
lenguaje ya familiares, en lo que concierne a las formulaciones metafísicas,
habría que decir que serían el precipitado del intento de fundamentar un juego
de lenguaje absolutamente nuevo, pero que ese intento está condenado al fracaso
y que, por tanto, toda formulación metafísica (...) forzosamente carecerá de
sentido. Si, por ejemplo, queremos introducir un juego de lenguaje en que se
emplee el giro "existencia del mundo", sólo podremos hacerlo sobre la
base de nuevas reglas que, sin embargo, a fin de cuentas deberán ser determinadas
en conexión a los juegos de lenguaje familiares. Pero todos los juegos de
lenguaje que nos son familiares atañen a hechos del mundo, nunca a la existencia
del mundo(Röd 1981, 95).
[1] No es solo los conceptos de "sistema" y
"regla", también el de "cálculo" fueron así trasladados
desde la matemática a la filosofía del lenguaje. Por ejemplo, Wittgenstein
elige un planteamiento propio del análisis del lenguaje cuando trata del
problema del "infinito" (¿qué es lo que significa ese término?) o
sobre la cuestión de la validez universal de las proposiciones matemáticas.
[1] Ver: Hark (1990), 15-24; Hilmy (1987),
35 s.
Davidson, D. (1993): Der Mythos des Subjektiven. Reclam.
Stuttgart.
Haller, R. (1983): Die gemeinsame menschliche
Handlungsweise. In: R. Haller (ed.)(1983): Sprache und Erkenntnis als soziale
Tatsache. Wien: 57-68
M. Hark (1990): Beyond the Inner and
the Outer. Wittgenstein's Philosophy of Psychology. Kluwer.
Doordrecht
Hilmy, S. (1987): The Later Wittgenstein. Blackwell.
Oxford.
Hintikka, J. (1988): Die Wende der Philosophie. Wittgenstein's
New Logic of 1928. Akten des Wittgenstein Symposiums. Wien: 380-396
Hintikka, J. (1986): Wittgenstein's Annus Mirabilis:
1929. Akten des Wittgenstein Symposiums. Wien: 437-447
Kripke, S. (1986):Wittgenstein über Regeln und
Privatsprache. Frankfurt. M
Moore, G.E. (ed. Inglesa 1993): Las clases de
Wittgenstein durante el período 1930-1933; en: Klagge, J.c./Nordmann, A.
(eds.)(ed. Española:1997): Ocasiones filosóficas. Cátedra, pp. 67 ss..
Richter, V. (1965): Untersuchungen zur operativen
Logik der Gegenwart. Freiburg i.Br.
Röd, W. (1981): Der vorgebliche Mißbrauch der
Sprache in metaphysischen Aussagen. In: Haller (ed.) (ed.)(1983): Sprache und
Erkenntnis als soziale Tatsache. Wien, 84-96
Röd, W. (1987): Wittgensteins Bedeutungslehre und
die Idee einer theoriefreien Philosophie. Acta Universitatis Nicolai Copernici,
Filologia Germanska X, Nauki Humanistyczno-Spoleczne, Zeszyt
Schulte, J. (1990): Chor und Gesetz. Wittgenstein im
Kontext. Frankfurt.
Schulte, J. (1990): Wittgenstein. Eine Einführung.
Reclam. Stuttgart
Schulte, J. (1993): Nachwort zu: Davidson 1993
Siitonen, A. (1989): On the
operational interpretation of logic and mathematics in the Tractatus. Akten
des Wittgenstein Symposiums. Wien: 411-413
Winch, P. (ed.): Studies in the Philosophy of
Wittgenstein. London/New York.
Winch, P. (1987): Trying to Make
Sense. Oxford/New York.
Worthington, B.A. (1988):
Selfconsciousness and Selfreference. An Interpretation of Wittgenstein's Tractatus.
Aldershot.
Wright, G.H. von (1982): Wittgenstein, Oxford.
Wuchterl, K. (1969): Struktur und Sprachspiel bei
Wittgenstein. Frankfurt.
Zimmerli, W. (1975): Wittgensteins
sprachphilosophische Hermeneutik. Frankfurt M.
NOTAS
[1] Aquí remito el lector a los nudos sobre el Planteamiento metalógico del pluralismo y al concepto de poli-contexturalidad según Gotthard Günther, que reelaboró la Dialéctica de Proclo y Hegel en el marco de una teoría metalógica transclásica.
[1] El legado de Wittgenstein, que incluye la transcripción de las ideas
que formuló en sus clases, así como una serie de apuntes y notas, muchas ni
siquiera orientadas a una posterior publicación, es todavía objeto del trabajo
de numerosos investigadores. La mayor parte de su obra se encuentra pues sin
editar y en apuntes originales escritos en la difícil caligrafía gótica, pero
accesible en microfilms de la Universidad de Cornell. Existe una gran
impaciencia en muchos autores como lo manifestaba:
Jaakko Hintikka (1991): An Impatient Man and His Papers, en Synthese
87(2): 183-201.
Una de las obras que facilitan el acceso a esos escritos es el tomo:James C. Klagge/Alfred Nordman (eds)(1993): Ocasiones Filosóficas 1912-1951 - Ludwig Wittgenstein; traducido en Catedra, Teorema (Madrid 1997).
[2] Von Wright, que tan bien le conoció en sus últimos años, refiere que Wittgenstein sólo había recibido ocasionalmente relámpagos que iluminaran su trabajo por parte de Spinoza, Hume o Kant.
[3] La traducción de Ogden sirvió de base a la española de Tierno Galván.
Debe notarse ahí una probable fuente de malentendidos que podrían surgir en los
textos españoles basados en dichas traducciones: El término alemán "Sachverhalt"
(estado de cosas, como figura o estructura lógica - a nivel de mundos posibles)
fue traducido por el de "atomic fact", que al castellano pasa
como "hecho atómico" - con lo que, primero, se le puede confundir con
los enunciados elementales o átomos del lenguaje según la concepción del
Atomismo Lógico de Russell (realmente distinto del de Wittgenstein), y, en segundo
lugar, con consecuencias peores para la comprensión de Wittgenstein, confunde
el espacio lógico de lo "posible" con el de lo "fáctico".