Nota previa:
La comprensión, sobre todo, de la dimensión psicosocial del comportamiento de
lo que llamamos "personalidad de empresario-emprendedor" se debe realizar
en comparación (diferencias y semejanzas) con la comprensión del comportamiento
directivo ("managerial behavior"), o sea: de la personalidad de los
que asumen responsabilidades de dirección y organización en sistemas
organizados. El concepto “empresario” se toma aquí en sentido restringido, no
abarca pues al "ejecutivo" o "manager" considerados como
“emprendedores”.
( Unternehmer;
Entrepreneur)
Persona física que
ejerce por cuenta propia la actividad empresarial.
Esta definición, sin
pretensiones teóricas, responde a la concepción ordinaria. En cierto modo,
ofrece ya una primera distinción entre „propietario“, que simplemente puede obtener
rentas de la actividad de otros, y el rol del sujeto “activo” sobre una empresa
que dirige independientemente y asumiendo toda la responsabilidad sobre su marcha
..
El empresario (Entrepreneur)
es un término al que según contextos y según niveles y horizontes de àobservación se da sentidos muy distintos. Por esta
razón conviene empezar distinguiendo esos horizontes de consideración del tema:
1.1 En el uso cotidiano, en nuestra
cultura marcada por la economía y la tecnología (a su vez, vista como
subordinada al interés económico), "empresario" es equivalente a propietario de una empresa, que controla o dirige él mismo y en
la que obtiene beneficios gracias a comercializar bienes o servicios.
1.2 En el marco del Derecho y legislación
1.3 En el horizonte de las teorías de
1.4 En el horizonte y
desde categorías de
1.5. En el horizonte de
1.6 En el horizonte de la
teoría económica general (y ahí hay que distinguir conceptualizaciones según
"escuelas de teoría económica": Austrian School, Neoclásica…)
1.7 En el horizonte de la
teoría de la empresa.
1.8 En el horizonte de una
teoría trans-disciplinar como es
(la lista no creo sea ni
completa, ni quizá la más adecuada forma de clasificar estos horizontes de
estudio de lo que es el empresario)
Entrepreneurship "
EMPRESARIO
El planteamiento sobre el
"proceso" de la actividad empresarial
La mayoría de los casos de
las 'estrategias estructurales' se refieren a la implementación de una concepción
empresarial evolucionista o revolucionaria sobre el nexo de la firma a su
entorno en una nueva firma. Ésta no está pues ligada a cargas del pasado ni
sujeta a estrechos moldes en la forma de concebir y configurar su trabajo. Así
pueden empezar a explotar oportunidades innovadoras: Bill Gates en Microsoft
con los programas para Pcs, Fred Smith en Federal Express (una mensajería
modelo que ha recibido incluso el Malcolm Baldridge Quality Award - el Nobel de
Auto-Conocimiento
En la legislación europea,
en general, no se ha llegado a ninguna definición unificada del concepto de
empresario. Se le suele distinguir del consumidor, y se habla de empresario
individual (como persona natural) o de personalidad jurídica, que ejercen una
actividad regulada por el Derecho y que puede realizarse como profesional
autónomo o en un negocio reconocido legalmente.
También se distingue el
concepto de empresario frente al del que da trabajo en virtud de un contrato a
otras personas. Ambos roles pueden coincidir, pero no necesariamente, en la
misma persona.
Desde el punto de vista
del Derecho, es importante la definición del rol del empresario sobre todo en
lo que concierne a las determinaciones de las leyes que protegen al consumidor,
por ejemplo, en casos de compra o contratos de prèstamo (compras a credito).
El Derecho considera como
rasgo distintivo el que el empresario ejerce una actividad permanente orientada
a la obtención de ingresos. Es decir, el concepto es relacionado con el de
“comerciante”, o agente de decisión en el marco del àmercado (lo que es coherente con la idea de la
teoría económica que intenta comprender la “empresa” desde el mercado, como
solución a sus fallos, como mecanismo para reducir costes de transacción etc.),
pero olvidando un rasgo básico manifiesto a todo el que no intente comprender
la realidad sólo a través de anteojos de teoría económica, es decir, el que
aunque en la intención del empresario la empresa sea sólo un medio para obtener
ingresos (beneficios o retornos sobre su inversión), de suyo eso sería
imposible si los individuos a que se destinan esos bienes o servicios
mercantilizados no vieran en ellos una
respuesta a sus necesidades y exigencias, es decir, no vieran en ellos una àcreación de valor.
(inglés: "Entrepreneur"
– francés: “ alemán: "Unternehmer")
El término
"empresario" se deriva del verbo "emprender" - análogamente,
el inglés "entrepreneur" se deriva del francés
"entreprende" que tiene el mismo sentido, y lo mismo sucede con el
alemán "Unternehmer" derivado del verbo "unternehmen").
La palabra emprender viene del latín “in -
prehendere”, que quiere decir “acometer y comenzar una acción, una obra o
negocio, en especial si encierra dificultad o riesgo". En esta definición
etimológica se sustentan el término de “emprendedor”
(cuyo significado tiene que ver con “quien emprende con decisión acciones
arriesgadas o dificultosas” o también “quien lleva a la práctica las ideas
propias o ajenas”) y el de “empresario”
(que se identifica con el significado de “persona que con responsabilidad,
crea, toma a su cargo o dirige una empresa”)[1].
El concepto designa así a
la persona que asume la tarea de organizar, dirigir y asumir los riesgos que
conlleva la realización de unas actividades orientadas a la consecución de un
fin (en el castellano clásico se hablaba así de acometer una gran empresa,
como la de la conquista de las Indias - con la connotación de un esfuerzo y
también de un adentrarse en terrenos peligrosos). Como observaba Harold Perkin[2],
Cesar, Pablo de Tarso, Mahoma, Colón etc. fueron así empresarios.
Es en la época medieval y particularmente en Francia, cuando comienza a
ser usada la palabra “entrepreneur”
(empresario), para designar a los responsables de expediciones militares. Hacia
principios del siglo XVII ya aparecen unidos los conceptos de empresario e
incertidumbre. La denominación de empresario se asigna a aquel que toma riesgos, pero no de cualquier
entidad, la palabra estaba reservada para aquellos responsables de empresas
extraordinarias, como por ejemplo; los grandes contratistas de obras públicas y
servicios militares con la corona, siendo éste su significado más aceptado durante
los siglos XVII y XVIII.
En aquella época, el
empresario era el encargado de combinar los factores de producción (para
construir un edificio, o armamento) y de asumir el riesgo que el acuerdo o
contrato de obra llevaba consigo. En Inglaterra, los empresarios recibieron los
nombres de “undertakers”, “adventures” y “projectors”. La
denominación de undertakers
era la mas común, y se usaba para identificar a aquellos que emprendían
actividades como la explotación de una
mina, una explotación agrícola colonial o la construcción de viviendas o
edificios, y luego este término se utilizó también para denominar a los que se
dedicaban a las actividades manufactureras. La segunda denominación adventurer,
se aplicaba para identificar a los que se dedicaban fundamentalmente al
comercio. Finalmente el término de projector tenía más bien un significado peyorativo de
especulador.[[3]
Aunque no exista una
definición unánimemente aceptada, en el contexto o marco de la vida económica
el sentido del "empresario" (entendido como emprendedor de una
"empresa") es el desarrollar una acción conducida, con cierta
continuidad (eso la diferencia frente a los "negocios" u otras
acciones puntuales), por varias personas, normalmente dirigidas por un líder,
tradicional o racionalmente elegido, y a veces de forma nada racional: el caso
del líder carismático. La tarea u orientación central del empresario puede ser
comprendida desde diversas perspectivas u horizontes de observación: en una
forma de comprensión muy difundida hoy, por efecto de la cultura “económica” –
y que suele ser la preferida psicológicamente por muchos de los que se
aventuran a crear una empresa – la orientación del empresario es obtener
ingresos o beneficios por el capital invertido, por el riesgo asumido. Si se
considera esa tarea desde una perspectiva sociológica, la función de la entidad
social que es la empresa (y para esta definición no es preciso llegar a la
definición de empresa como “sistema” organizado) consiste en crear valor para
el entorno, es decir, aportar ciertos bienes (no necesariamente materiales,
pueden ser servicios o sistemas para solucion de problemas) al resto de la sociedad.
Este sentido es también el
que, desde el campo de lo económico, movía a Schumpeter a definir
"empresario" (que crea empresa) a la persona cuya acción rompía el equilibrio
estático de lo económico y del mercado aportando nuevos bienes, nuevos métodos
de producción, nuevos mercados, nuevas formas de organización.
También los reformadores
religiosos aprovecharon "nichos de mercado" (carencias percibidas: de
virtudes, de orden en instituciones etc.). Así triunfó Bernardo de Claraval al extender el Cister por toda Europa - en un
movimiento cuyo alcance económico y político todavía no ha sido bien estimado,
pero que ciertamente dió paso a la Alta Edad Media - al satisfacer una
necesidad de retorno a valores primigenios cristianos. Y lo mismo sucedió con
el intento (ahogado parcialmente en sangre) de Francisco de Asís de querer
volver a la situación de los "pobres de Jahvé" etc.
En el campo de lo
económico también hubo así "emprendedores" como Sir William Cokayne, lord mayor de Londres que intentó arrebatar a
Flandes el comercio del textil confeccionado.
Actualmente, se considera
que lo esencial del papel del empresario-emprendedor consiste en innovar o
desarrollar campos de actividad, reconocer y estimar oportunidades de acción,
convertirlas en ideas factibles (innovar implica precisamente no sólo la
inventiva sino también la capacidad de imponer lo nuevo), añadir un valor de
forma permantente, asumir racionalmente riesgos (calculados) impuestos por el
mercado y conseguir finalmente las compensaciones debidas a tales esfuerzos.
La capacidad y mentalidad
"empresarial" supone así una orientación a ser un catalizador del cambio
en un ámbito de actividades, y una independencia de pensamiento que permite
diferenciarse frente a los que siguen sólo caminos trillados.
La amplísima literatura
surgida en el campo de la psicología de
la personalidad empresarial distingue ciertas características comunes y
otras distintivas en la descripción del rol empresarial.
Se designan como
características centrales: asumir
riesgos, iniciativa
personal, autonomía
e independencia de juicio, habilidad para consolidar e integrar, espíritu
de competitividad, comportamiento orientado a la consecución de
objetivos bien definidos, conducta pragmática al aprovechar oportunidades,
realismo, y capacidad de aprender de equivocaciones. Pero también se reconoce que
si se exageran algunas de estas cualidades podrían llegar a ser destructivas.
A pesar de la diversidad
de las descripciones de la conducta "empresarial" la investigación
sobre el tema ha ampliado el campo desde el rol del empresario de una firma o
unidad menor (en que un propietario asume dicho papel - pero no todos los
propietarios de firmas se comportan como "empresarios") al papel que
desempeñan ciertas personas en corporaciones mayores. Este rol se designa en
inglés con el término de "Intrapreneur"[4]
(nótese la variación del entre- al intra) - que en castellano podríamos
traducir como "intra-empresario". Es precisamente la existencia de
personas que desempeña tal rol lo que muchos consideran como función esencial
para que una gran corporación se mantenga viva y pueda desarrollarse.
Richard Cantillon, siglo 18.
"Persona que, a
través del comercio, realiza negocios de arbitrajet"
"Persona, que
asumiendo riesgos organiza los factores de
producción"
"Persona que logra imponer nuevas combinaciones de factores
(productos) en el mercado de ventas " – ver también à Destrucción creativa
(Schöpferische Zerstörung)
"Tätiger Eigentümer einer unabhängigen und von ihm geschaffenen
Wirtschaftseinheit"
Wolfgang Lück/Annette Böhmer, 1994
Entrepreneurship als
"Zusammenfassung aller Planungsüberlegungen und Maßnahmen in Form eines
kreativen Prozesses zur Errichtung eines Unternehmens" mit dem
"Gründer als Promotor"
2. Evolución de la
concepción y comprensión del papel del empresario
Como se expone en el
recorrido histórico sobre empresa y empresario (ver), ya en el siglo XVIII, el
economista francés Richard Cantillon asoció el "asumir riesgos" en el
campo económico con la actividad del empresario. Durante la Revolución
Industrial inglesa fueron también los empresarios los que desempeñaron el papel
de motor de tal desarrollo económico y tecnológico.
Hasta los años de la
década de 1950 fue normal aceptar que la definición de "empresario"
viniera dictada por los teóricos de la economía: Cantillón, Jean Baptiste Say o
finalmente Schumpeter.
Actualmente, el término se
comprende como equivalente a la actividad ligada a la empresa libre y al
sistema capitalista del que los empresarios serían el principal motor. El empresario
es visto como agente de cambio, suministra ideas creativas e innovadoras sobre
nuevos campos de actividad económica.
En primer lugar, antes de resumir
los resultados de un tratamiento más reflexivo-científico de lo que es ser
empresario, puede ser útil referirse a ciertos tópicos o ideas muy difundidas
sobre el empresariado. Prescindiendo de estereotipos generados en la atmósfera
de conflictividad social (conflicto de clases: trabajadores contra capitalistas)
en que el empresario sería el "explotador", la
"sanguijuela" de la sangre del pueblo etc., puede pasarse a ideas
aparentemente más "neutrales".
Entre estos tópicos, y con
una buena dosis de idealización se le considera también como el
"héroe" moderno, creador de riqueza, comprometido con su misión, y
competente en la optimización del empleo de recursos para sacar de ellos el
mayor beneficio para él y la sociedad. y
se mitifican sus vidas: Henry Ford, Sloan, Krupp, Bayer, Rockefeller, en Occidente
son ejemplos bien conocidos del pasado, actualmente hay nombres como el de Bill
Gates (Microsoft) en que se repiten los mismos estereotipos.
Entre los rasgos
"míticos" destacan los siguientes[5]:
* El empresario nace, no
se hace
Se trata de una
transformación de la idea romántica sobre el "genio" o el
"héroe". Aparentemente tales personalidades, a los que la masa venera
como líderes con "carisma" no se generan por estudio, trabajo o
esfuerzo, sino se deben a condicionamientos genéticos. La idea tiene la misma
(nula) fuerza demostrativa que la de pretendida superioridad de alguna raza. El
estudio histórico de la experiencia con personas formadas en determinados
centros que luego han mostrado su capacidad en las empresas parece mostrar que
sin una aportación educativa, y sin los condicionantes del entorno, las
prestaciones de una personalidad empresarial son imposibles.
* El empresario es un
inadaptado socialmente y a la vida académica
De hecho se han dado
empresarios con previo fracaso escolar o universitario. Pero hoy, la inmensa
mayoría de las personalidades que dirigen las empresas de más éxito poseen una
sólida formación (normalmente multidisciplinar). Los centros de formación (las
grandes "business schools" - como la del IESE) forman ahora
"profesionales" no personalidades carismáticas (como la de ciertos
presidentes de clubs de futbol).
* El empresario posee un
perfil ideal de rasgos de personalidad
Es frecuente ver en
ciertas revistas de gran difusión listados de rasgos de personalidad
empresarial. Normalmente los deducen del análisis, muy superficial, de ciertos
personajes muy conocidos (como pudo suceder hace poco con cierto banquero que
ahora está en el banquillo de los acusados).
Hoy se va comprendiendo
que dada la necesidad de encajar el rol del empresario en entornos muy
distintos sería absurdo esbozar siquiera un "perfil ideal" de su
personalidad. La globalización actual de la economía y las distintas culturas
nacionales que vamos conociendo indican que al menos también habría que
considerar tales contextos para definir tales perfiles, pero que también las
áreas de actividad imponen cualidades distintas muy lejanas del perfil unitario
que se ha pretendido a veces.
* Para ser empresario lo
que se necesita es dinero
Evidentemente que sin
capital o financiación no hay ni empresa. Pero tener capital no vacuna ante el
fracaso. Y la falta de una adecuada financiación suele ser síntoma de falta de
profesionalidad en la utilización racional de recursos, o - lo que es casi lo
mismo - falta de "conocimientos adecuados".
* Para ser empresario hay
que tener "suerte" (o buena estrella)
Ciertamente, estar en el
sitio adecuado en el momento preciso puede ser algo debido al azar, pero, como
dicen los anglosajones: la suerte viene cuando la preparación tropieza con la
oportunidad. Ante el espectador externo, el que un bien preparado aproveche una
oportunidad le parecerá quizá deberse al juego de las estrellas, pero hay muchas
oportunidades, y sólo los que se han preparado bien sabrán percibirlas y
aprovecharlas.
El empresario. Enfoques teóricos
El papel social, humano y
económico del empresario ha sido considerado de muy diversas formas en el
pensamiento económico.
Pero
se atribuye a Richard Cantillon (1680-1734) la introducción de la palabra
empresario (entrepreneur), primero en Francia y luego en el resto de Europa,
palabra expresiva del “hombre de negocios” y que desarrolla una función
característica: entrepreneurship en inglés.
Las
causas del relativamente escaso tratamiento que, pese a su importancia, ha
recibido el empresario, pueden encontrarse probablemente en las dificultades
para su observación, derivadas de su carácter multifacético y esencialmente no
rutinario, generando una falta de acuerdo sobre su propio concepto y, como
consecuencia de ello, sobre la forma más adecuada de realizar su medición, lo
que ha hecho que, en muchas ocasiones, la atención se haya desplazado hacia la
empresa, o, en el mejor de los casos, hacia los gestores, administradores o
managers, objetivos mucho más palpables y más fáciles de definir.
A
continuación se dedica un espacio, aunque breve, a entender el comportamiento
económico de aquellos individuos que se califican como empresarios, realizando
un recorrido histórico de los principales enfoques teóricos sobre su
conceptualización.
2.1. Enfoque del empresario como “agente organizador”
Este enfoque presenta al
empresario como un agente económico cuya función característica es la de
organizar y combinar los factores productivos, planificar y dirigir el sector
productivo para satisfacer necesidades del sector de consumo. Desde las ideas
de Richard Cantillon (1730)[6],
y pasando por las de Juan Bautista Say (1830)[7]
y las de John Stuart Mill (1951)[8],
se puede tener una visión de cuál era el papel que estos economistas otorgaban
a la figura del empresario.
Básicamente este enfoque concibe al empresario como un agente económico,
organizador de la actividad productiva,
coordinando, combinando, planificando y dirigiendo los factores para
obtener productos que venderá en el mercado. Se configura como un agente
práctico que hace profecías económicas y cuyo último objetivo es ganar dinero.
En ese sentido, es que se le reconoce los atributos de “aventurero” y
“confiado” que asume riesgo, asegurando la renta de los “indecisos” y
“tímidos”, propietarios o suministradores de recursos económicos. Para J. S.
Mill (1951), es la capacidad no ordinaria que representa la “mano visible” del
sistema económico.
Con estos planteamientos
se reconoce, a partir de Say y ampliado por Alfred Marshall (1963) que existen
diferencias entre el interés o renta del capital aportado por el empresario
capitalista, con el beneficio que le corresponde por organizar la actividad
económica y asumir el riesgo de la misma.
Esta línea teórica es
desarrollada por el economista Frank H. Knight (1921), en su obra titulada
“Riesgo, incertidumbre y beneficio” ( Risk, Uncertainty and Profit).
Este enfoque asigna al empresario el papel principal de adquirir o
contratar los factores productivos a determinados precios (costos para el
empresario), creando las rentas monetarias de los otros agentes o descontando (actualización)
del producto nacional, sobre la base de una predicción económica respecto al
precio que venderá los productos obtenidos, soportando, en consecuencia, todo
el riesgo de la actividad económica de la empresa que dirige.
Cabe destacar que, el primer
autor en plantear la vinculación entre la función empresarial y el concepto de
incertidumbre fue Cantillon (1680-1734), separándola claramente de la provisión
de capital. En su “Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general” (1725)
presenta al empresario como aquel que
compra a precios ciertos y vende a precios inciertos, planteando que la función
empresarial significaba exclusivamente afrontar la incertidumbre, mientras que
el beneficio sería el producto de la diferencia entre lo previsto y lo realmente
ocurrido. Para este autor los empresarios eran los que afrontaban el riesgo y
la incertidumbre; en aquella época eran los encargados de la producción,
circulación e intercambio de las mercancías, y se diferenciaban del príncipe,
la aristocracia terrateniente y los trabajadores dependientes.[9]
Aunque no consta influencia alguna de Cantillon en la obra de Say (1767-1832),
también este autor asocia la función empresarial a la asunción de la
incertidumbre. Say consideraba el beneficio no como el interés sobre el capital
- como harán los economistas clásicos ingleses-, sino como un premio por la asunción de
riesgos. Pero si en las primeras ediciones de su “Tratado de Economía Política”
(1803) había asignado el beneficio al capitalista, lo transfirió en la cuarta
edición al empresario, estableciendo una clara distinción entre ambos. Este
último sería el responsable de la dirección y el control de la empresa,
mientras que la función del capitalista sería la de proporcionar el capital.[10]
Hoselitz (1950) sugiere que esa distinción pudo deberse a la propia experiencia
del autor, quien desde 1804 a 1812 dirigió una fábrica de hilados. Pero además
de asumir la incertidumbre, el empresario de Say era el principal agente de la
producción, puesto que era el encargado de combinar los distintos factores productivos
(Hoselitz, B. F.,1950). Según Schumpeter, Say no se dio cuenta de que su frase
“combinar los factores”, cuando se aplica a la gran empresa en marcha o a la
organización de una nueva, denota algo más que una administración rutinaria.
Quien sí apreció este matiz fue H. von Mangoldt (1824-1868), que a mediados del
siglo XIX ofreció una teoría de la ganancia del empresario entendida como renta
de la capacidad o el talento (Schumpeter, 1994).
En el marco de esta teoría, el empresario se concibe con la figura que
asume el riesgo de la actividad económica al anticipar el producto nacional,
creando y asegurando rentas, por lo que el beneficio empresarial o renta
residual es la remuneración de dicho riesgo. En este sentido, el empresario
tiene que efectuar las siguientes predicciones o estimaciones económicas:
Si su cálculo económico es correcto o sus previsiones se cumplen, el
empresario podrá obtener un beneficio o retribución a su capacidad de aceptar
incertidumbre; si se equivoca tendrá una pérdida, pues habrá pagado precios
(costos) más elevados que el ingreso obtenido (precio de venta). Lo expuesto
explica el origen de que el beneficio del empresario se pueda definir como una
“renta incierta”, y ese riesgo justifica la remuneración o el beneficio del
empresario. Por lo expuesto, también puede afirmarse que, la base del éxito del
empresario reside en el grado de conocimiento y de información que posea sobre
la economía y sus agentes sociales.
Knigth se refiere
también a dos actividades diferentes: la del empresario, es decir, el que asume
el riesgo y elige a quien dirige, y la del director, que da las órdenes y
desempeña la función organizadora de la empresa.
La evolución del sistema de economía capitalista ha generado una
compleja estructura del riesgo, y un alto crecimiento de los factores de
incertidumbre, lo que quizás justifique que en ciertos entornos empresarios se
adopte una “actitud adversa” al riesgo o comportamiento normal.
En esta perspectiva teórica, el concepto de empresario se relaciona con
la del propietario de los medios de producción y patrón o maestro del trabajo.
Los economistas clásicos,
con A. Smith (1723-1790)[[11]
a la cabeza, reconocieron la figura del empresario, pero no fueron capaces de
distinguir a los beneficios empresariales de los beneficios del capital. Aunque
a veces parecía reconocer una cierta especificidad a la función empresarial,
Smith asoció, en última instancia, la figura del empresario con la del
capitalista, señalando que los beneficios empresariales corresponderían al
interés del capital invertido.[12]
Esta identificación fue adoptada por otros economistas clásicos, como David Ricardo
(1772-1823), J. S. Mill pasando por Marx[[13].
Se han señalado varias explicaciones posibles para esta asimilación.[[14]
En cualquier caso, la causa
parece residir en su noción de equilibrio y en su propia concepción del
desarrollo económico: Smith y luego,
sobre todo, Ricardo
y Marx, trataron este proceso como
virtualmente automático una vez que el
capital necesario se había conseguido (e invertido).[[15] Para Smith los intereses de los empresarios
y los de la sociedad en general no siempre eran coincidentes, pero el afán de
éstos por mejorar de condición, su egoísmo individual, fue interpretado por Smith como uno de los factores del
desarrollo económico de la sociedad[[16].
De todos los seguidores de
Smith, fue J. S. Mill
(1806-1873) quien popularizó el término francés “entrepreneur” en
Inglaterra, consciente de la existencia de una función empresarial específica,
pero su análisis no difirió sustancialmente del realizado por Smith. No obstante para Mill (1951), el beneficio empresarial,
el porcentaje de ganancia, no sólo incluía el interés sobre el capital
invertido, sino también una compensación al riesgo y la remuneración por el
tiempo y trabajo invertido por el capitalista. La clave de que la renta del empresario
no pueda ser estudiada desde una perspectiva clásica se debe a que se trata de
ganancias que “no son en absoluto rendimientos permanentes, sino que se producen
cada vez que una decisión empresarial en condiciones de incertidumbre tiene éxito…”.
Las ganancias de los diferentes empresarios no se pueden igualar, “como no sea
en el nivel cero” (Schumpeter
1968). Es cierto que algunas de las
ganancias del empresario sí pueden tender a igualarse, como por ejemplo las
devengadas de su función gerencial, ya que se puede establecer un salario para
ellas; pero la ganancia, derivada de la introducción de perfeccionamientos
tecnológicos, comerciales u organizativos, en el proceso económico no tiene
nada que ver con el salario, la renta de la tierra, o los intereses, en el
sentido de que una parte de la ganancia del empresario tiene su razón de ser en
lograr un incremento y mantener la
diferencia en la ganancia entre unos y otros empresarios.
Para A. Marshall (1842-1924), la empresa
significa uno de los agentes esenciales del desarrollo económico, y junto con John Bates Clark (1847-1938)[17]
se esforzaron por incluir al empresario dentro de sus modelos de crecimiento
económico.
La principal contribución de Marshall en este terreno fue la de distinguir
como factor productivo específico, y por lo tanto, susceptible de remuneración,
a la capacidad organizadora en los negocios. La oferta de este factor de
organización estaría compuesta por la oferta de capital, de poder organizativo
para administrarlo y de capacidad organizadora para combinar los insumos. El
interés sería el precio del capital, el beneficio neto de organización constituiría el precio
del segundo y la ganancia bruta de dirección el
precio combinado del segundo y el tercero. Estos “beneficios” estarían
incorporados en los costos de la empresa, y serían de orden rutinario en
condiciones de equilibrio; consecuentemente, también distingue unos beneficios
extraordinarios. Marshall sintetizaba en el empresario caracteres y
retribuciones propias del capitalista y del trabajador cualificado (gerente),
pero no profundizó en las ganancias ligadas al riesgo, la incertidumbre y la
innovación, aunque dejó abierta la posibilidad de introducir ese tipo de
ganancias bajo el concepto de beneficios extraordinarios.
La
diferencia entre Marshall y Clark se debe a la introducción por parte del
primero, de consideraciones morales en el análisis de la función empresarial.
Para Marshall no había nada de malo en el deseo de acumular, puesto que era el
símbolo del éxito en los negocios, señalando que el reconocimiento social de su
figura dependería de los medios empleados para ello. “La caballerosidad en los
negocios incluye el espíritu del bien público”, sostenía Marshall, y que correspondía
al economista examinar si el empresario había acumulado su riqueza “con
trampas”, por informaciones falsas, por tratos fraudulentos o por medio de la
destrucción desleal de los competidores”, en cuyo caso no sería acreedor de
ningún reconocimiento, por grande que fuera su fortuna, o bien con métodos
“nobles” que sí lo enaltecían.[18]
Desde Marshall en adelante, algunos economistas han tendido a introducir
consideraciones éticas en la reflexión teórica sobre la figura del empresario.
En el otro extremo del
espectro ideológico, se sitúan los que consideraban al empresario como una
figura superflua en el proceso productivo, cuya única función era extraer un
“plusproducto” a los trabajadores.
La visión del empresario como un parásito procedía directamente de K.
Marx (1818-1883), quien, como para el resto de los clásicos, opinaba que el
empresario era el propietario del capital y el proceso de desarrollo se
generaba automáticamente una vez invertido el mismo. Pero Marx subrayó que,
gracias precisamente a la posesión del capital, el capitalista se convertía en
empresario, controlaba el proceso de producción y se apropiaba de una parte del
valor generado (Santos Redondo, 1997). La fortuna del empresario era el fruto
de la extracción del valor añadido de los trabajadores que no era remunerado en
el salario. En la tradición radical norteamericana, tan importante como Marx -
y con una mayor difusión entre el público general- fue la obra de Josephson,
“The Rober Barons”, publicada en plena depresión económica de los años treinta,
y reflejo del sentimiento antiempresarial extendido en ese período. Pero
también se percibe la influencia de Veblen (1904) y, sobre todo, de J.M. Keynes
(1883-1946). En los años sesenta y setenta, la figura más significativa dentro
de esta corriente ha sido S. Marglin (1974), cuyo principal mérito ha estribado
en reforzar empíricamente la visión de Marx, confiriendo al empresario un papel
esencial en el proceso productivo, que no lo tenía en los sistemas artesanales
primitivos y que le asegura una “porción mayor del pastel” a costa de los
trabajadores, reforzando la característica “acumuladora” del empresario a
expensas de los verdaderos creadores de riqueza: los trabajadores (teoría
marxista de la plusvalía).
2.6. El empresario y su relación con el desarrollo económico
La figura del empresario se ha visto excluida de la teoría económica desde
principios del siglo XX hasta la década de 1980, de la mano de la revolución
marginalista primero, y luego tanto por keynesianos como neoclásicos o
marxistas.
Entre los años treinta y
sesenta del siglo pasado, es cuando tienen lugar algunas de las reflexiones más
lúcidas sobre la relación entre el empresario y el desarrollo económico, pero
su repercusión intelectual se ha manifestado hacia el inicio de la década de 1980. Una de aquellas
reflexiones sobresalientes es la realizada en los años veinte del siglo pasado
por F. H. Knight (1885-1972),
para quien el empresario o la empresa significa el único factor productivo,
puesto que la tierra, el trabajo y el capital sólo son medios de producción,
siendo la función primordial del empresario la asunción de riesgos, y de la que se deriva su fuente de ingresos.
El pensamiento de Knight no era enteramente original como él mismo reconoció en
su libro “Risk, Uncertainty and Profit”, sino que es deudor de los
trabajos de los economistas alemanes Thünen (1783-1850) y Mangoldt (1824-1868), y del inglés F. B. Hawley, prácticamente
coetáneo de Knight.
A Knight se le reconoce el
mérito de ordenar, sistematizar y profundizar esas ideas de forma diferente e
innovadora, distinguiendo entre riesgo e incertidumbre, significando el riesgo
lo objetivo y susceptible de ser medido o estimado, posibilitando su cómputo en
los costos de la empresa y también su prevención mediante la constitución de seguros;
mientras que la incertidumbre es de carácter subjetivo, lo que permite explicar
y justificar la función del empresario. Si no existiera la incertidumbre, y si
el empresario pudiera conocer a la perfección el presente y el futuro, entonces
éste sería sólo un administrador (gerente) que dedicaría todo su tiempo a
realizar tareas rutinarias. En este sentido, Leibestein (1968) distingue dos
tipos de actividad empresarial: la “rutinaria”, asimilable a la llevada a cabo
por los gerentes de las empresas, y la “schumpeteriana”, representada por aquellas
tareas necesarias para crear una empresa en condiciones de innovación e incertidumbre.
En este sentido, el empresario significa
una respuesta creativa al grado de ineficiencia en el empleo de recursos
existentes en una empresa, es decir, es el encargado de aprovechar las
oportunidades existentes.
Se considera a Joseph Alois Schumpeter como el que ha
efectuado el aporte más importante sobre la concepción del empresario[[19].
Los trabajos de este autor expresan con claridad que la “innovación” es
el factor de crecimiento de la economía capitalista, y que el progreso técnico
es la variable endógena en los modelos de desarrollo económico. En ese sentido,
el sistema y las unidades económicas de producción mantendrán una situación de
equilibrio hasta que un empresario creativo desarrolle con éxito una nueva
combinación productiva.
La “innovación” implica la
introducción de nuevos bienes y servicios. Las empresas deben adaptarse a los
cambios en las demandas de los consumidores y a las nuevas fuentes de
competencia, deben además saber que sus bienes o servicios no se venderán
siempre, o por lo menos no se venderán como solían venderse, pues nuevos competidores
introducen nueva tecnología, nuevos bienes, nuevos servicios y nuevas formas de
prestar los mismos servicios que prestan otras empresas. La “innovación”
produce desequilibrio, hay progreso económico y le otorga a la empresa
innovadora un poder de mercado temporal (monopolio) que le reportará beneficios
extraordinarios, hasta que la “imitación” de las otras empresas restablezca el
equilibrio. Lo expuesto obliga a una conclusión lógica: “una empresa debe
innovar-imitar o de lo contrario morirá”.
Siguiendo a este autor, se pueden definir las fases del proceso de
cambio tecnológico de la siguiente forma:
Invención: Creación o descubrimiento de un nuevo producto o de un nuevo proceso
de producción para un producto o servicio ya existente.
Innovación:
Poner en práctica inventos previos de cualquier naturaleza o aplicación de la
invención en sectores industriales, comerciales o de servicios.
Imitación: Generalización de la innovación o desarrollo de la misma modificando
aspectos no sustanciales que llevan a generar productos, procesos o servicios
parecidos de carácter sustitutivo.
En este proceso de cambio tecnológico (invención, innovación, imitación),
Schumpeter sitúa al empresario como función principal y característica del
progreso técnico que genera el desarrollo económico y los avances de la
sociedad; y en definitiva, para entender su función plantea dos caminos: a)
considerar su función característica como organizador de la actividad económica
y motor de desarrollo económico, b) analizar la naturaleza y fuente de sus
ganancias. Integrando ambos caminos, el empresario innovador de Schumpeter puede
conceptualizarse a partir de los siguientes aspectos:
La palabra empresario puede definir su función, aunque más que la
palabra, hay que reconocer su acción característica y singular, ya que esa
función puede explicarse también por otras palabras como innovador, líder,
dirigente de los negocios, etc..
La función empresarial pura es difícil encontrarla en la realidad, pues
suele vincularse con el rol de capitalista o propietario.
Los empresarios son capaces de hacer cosas que no son de curso ordinario
en la rutina de los negocios, por ello su función en la sociedad se encuadra
también dentro del concepto de liderazgo y proceso innovativo, pudiendo ser
ejercida no solamente por una persona física, sino también por instituciones u
organizaciones con personalidad jurídica.
Al empresario le corresponde una utilidad o beneficio, como renta residual
de la economía, una vez que ha retribuido a todos los factores productivos, la
que viene a representar la retribución por su función directiva y por generar
el progreso técnico en el sistema económico, una vez que ha cobrado su salario
como profesional. En el caso en que se verifique en una misma persona la figura
del capitalista y la del empresario, se unen la remuneración del capital
(dividendos – intereses) y la renta residual o beneficio del empresario.
Cabe destacar finalmente que, el planteamiento de esta teoría difiere de
la del “empresario riesgo” en el sentido de que no es el riesgo la causa de los
beneficios del empresario, ya que en este enfoque el empresario no soportaría
su costo, sino que el mismo recae sobre
la figura del propietario o del capitalista; debiendo buscarse la causa de los
beneficios en la innovación y en el progreso tecnológico.
En este enfoque teórico,
se considera al economista estadounidense Herbert A. Simon (1957)[20]
como el que ha efectuado la aportación más importante sobre la concepción del
“empresario decisor” . A él le siguieron las aportaciones de R. M. Cyert y J.C. March (1992) y las de J.K. Galbraith (1969)[21].
La aportación de Simon,
incluida en su teoría del “comportamiento administrativo” o de las “decisiones
administrativas” de la organización, se relaciona con el análisis de la función
directiva del sujeto decisor (hombre administrativo); mientras que las de sus
seguidores (Cyert, March, 1992 y
Galbraith,1969), conocida por la “tecnoestructura” o grupo de directivos
(managers) que ejercen poder y dirigen los negocios, particularmente de las
grandes empresas.
La función directiva y decisoria caracteriza al empresario de este
tiempo, dado las características de la empresa actual, sobre todo las de
grandes dimensiones, en las que se verifica la separación de la propiedad y el
control o la administración, surgiendo la concepción del empresario “control o
tomador de decisiones”.
En el enfoque del
empresario como “sujeto decisor”, al igual que ocurrió con su teoría sobre la
empresa, Simon
(1957) se centra en la existencia de los siguientes supuestos:
El empresario se comporta como “hombre administrativo”, que actúa como
sujeto decisor ante el principio de la racionalidad humana limitada. La
racionalidad exige un conocimiento y una anticipación completa de las
consecuencias que siguen a cada elección. Sin embargo, en la realidad este
conocimiento es parcial y limitado.
El empresario desarrolla un modelo de comportamiento cercano a un
“sistema estímulo-respuesta”. Los estímulos de la decisión son controlados para
lograr objetivos más elevados y las decisiones individuales pueden integrarse
en un plan concreto.
La decisión no es tarea de un solo individuo, sino que es más un proceso
compuesto y complejo que debe sustentarse en el concepto de la planificación,
en el que intervienen multitud de factores y de partícipes.
El empresario como “sujeto decisor” se apoya en una relación de autoridad
frente a la consecución de objetivos múltiples, jerarquía que racionaliza la
función directiva.
En suma este enfoque parte del conocimiento real y práctico del empresario
como decisor ante un mundo económico complejo, en el que su fundamento como
directivo está tanto en su conocimiento como en su experiencia y sentido común.
Para el economista
canadiense Galbraith
(1969), el fundamento del empresario
radica en la “anatomía del poder económico”([22], el que ha
ido pasando de las personas y la propiedad de las organizaciones a las empresas como categoría económica característica; es
decir, se hace necesario identificar quien tiene el poder en las mismas para
poder comprender el papel del empresario como experto en la dirección y en la
toma de decisiones económicas. Este autor señala que el “talento” tiene que
conseguir aplicarse a la finalidad común; para ello hay que utilizar como
institución de poder a la organización; pero dada su complejidad, dicho talento
no es facultad que pueda desempeñarse por un solo individuo, sino que se
ejercita a través de un grupo o comité: la tecnoestructura. En este sentido, lo
que representa al empresario es su fuerza directora, el “management”, su capacidad
para dirigir los negocios por medio de un grupo general decisorio, en el que destaca
la inteligencia como guía o como cerebro de la empresa, siendo su papel la
elaboración de decisiones (elite dirigente compuesta por técnicos, ejecutivos,
especialistas, científicos, etc. que aportan su conocimiento). A este grupo
Galbraith lo define como tecnoestructura, al frene de la cual existe un poder
visible: presidente, ejecutivo, director general, o consejo de administración.
A raíz de la crisis
industrial de los años setenta, el rol principal que se le está asignando al
empresario es el de líder y estratega. En esta línea teórica destacan, entre
otras, las aportaciones de W. G. Bennis
y E. H. Schein (1965)[[23].
La función del liderazgo,
como guía de un grupo humano, como visionario y definidor de la misión de la
organización, se presenta en este enfoque como la justificación de la función
empresarial para desarrollar la cultura y adaptar la empresa a su entorno
competitivo. En este sentido, se puede afirmar que, en el sistema capitalista,
el empresario representa la función directiva o configura técnicamente el sistema
de dirección de la empresa, y probablemente sea el concepto de liderazgo lo que
está sirviendo para definir el papel primordial del empresario en los momentos
actuales, y para entender mejor esta posición de liderazgo, es necesario
ampliar la concepción actual de la función directiva. En este sentido Mintzberg (1983)[24] describe la
función del dirigente del sistema empresa diferenciandodiez roles desempeñados por el directivo, y que agrupa
en tres grandes categorías según afecten a las relaciones interpersonales, al
procesamiento de informaciones, o a la toma de decisiones:
Lo expuesto permite ver cómo la figura del empresario ha atravesado una
serie de etapas en la forma de comprender su función directiva. Resumiendo ese
cambio podriamos decir que ha pasado de verse como el rol de un gestor o
administrador (de un comercio) a ser líder de una organización que crea valor
en procesos de innovación destructiva (Schumpeter)
que imponen actuar como estratega en en entornos de alta incertidumbre y
riesgo.
Existen varios enfoques
desde los que se plantea, a nivel teórico, la función, el rol, la conducta etc.
del empresario. Evidentemente, dada la complejidad del sistema organizado que
él debe conducir, es lógico que también la consideración del
"empresario" sea también algo que sólo puede clarificarse al nivel de
un estudio multi-disciplinar: recurriendo a la sociología, la psicología
social, o la teoría de la organización. Pero aquí tropezamos con la enorme
pluralidad de enfoques dentro de esas mismas disciplinas, con "estilos de
pensamiento" muy diversos, que van desde un positivismo extremo o un conductivismo
materialista hasta formas casi metafísicas de comprender la realidad. Realmente
no hay teoría científica que no presuponga, tácita o explícitamente, una concepción
filosófica de la realidad. Y esto también se refleja en la forma de comprender
este tema.
Como una forma de
acercarse al campo, reduciendo su complejidad, se indica la distinción entre el
macro-enfoque y el micro-enfoque.
En esta modalidad de
planteamiento sobre lo esencial del rol y función empresarial se quiere incluir
toda una serie de aspectos y procesos, incluso aquellos que caen fuera del
ámbito de influencia del empresario. Existen tres variantes más importantes de
este planteamiento:
Está orientado al entorno
y a los factores externos que condicionan o posibilitan la capacidad
empresarial de forma positiva o negativa.
Destaca aquí el factor de
institucional, valores, costumbres y hábitos culturales, es decir, lo que
configura el marco o escena en que puede desarrollarse el empresario. También
actúa como factor social el entorno del grupo social más próximo (amigos,
ámbito de estudios, parientes, colegas en clubs etc.).
Aquí se destaca el proceso
de adquisición del capital base, por ejemplo, en "capital-riesgo". Es
claro que la planificación del "negocio" a realizar es esencial en
toda actividad empresarial. Muchos de los cursos de las escuelas de negocios se
han centrado en esta dimensión financiera de la empresa.
a3) El planteamiento sobre
los efectos de la "eliminación" o "desplazamiento" de
ciertos factores ambientales
Se basa en la idea de que
un grupo social elimina o despeja del camino factores que obstaculizarían el
camino a la aventura empresarial. Puede darse así una eliminación de regulaciones
o barreras estatales, o también políticas que redirigen la actividad económica
hacia otros campos. También es posible un influjo de factores culturales, como
cuando la Cristianda prohibía el "préstamo" de dinero, lo que ciertamente
fomentó la actividad de los primeros "banqueros" judíos. Barreras
religiosas, étnicas, o de sexo pueden suoner así impedimentos a la actividad
empresarial, o redireccionamiento de tales capacidades a determinados campos.
Finalmente, también las fases coyunturales de crecimiento o recesión pueden
influir sobre la actividad empresarial.
b) El planteamiento micro
En estos enfoque se dirige
la atención a los elementos individuales. Es el tipo de planteamiento más
difundido en las escuelas de origen angloamericano, con un claro sesgo por la
atención a factores psicosociales o de psicología de la personalidad. Se
estudian así creatividad, capacidad de toma de decisiones etc. Pero también se
atiende al entorno psicosocial de la familia o pareja.
En los trabajos sobre la
"estrategia" de empresas es corriente este planteamiento - unido a la
concepción del empresario como conductor-lider de un ejército que es su empresa
y que debe competir con los adversarios.
Escuelas dentro de este
planteamiento
a) Escuela orientada a la
psicología de la personalidad "empresarial"
Ante el interés por
conocer las "características" comunes a los emprendedores con éxito,
en este planteamiento se ha procurado identificar esos rasgos: capacidad de
realizar, creatividad, determinación, conocimientos técnicos, son algunos de
ellos.
También se ha estudiado el
influjo de la educación y desarrollo familiar.
b) Escuela orientada al
estudio de los elementos situacionales
Aquí se investigan las
fuentes de ideas, o de su desarrollo, en factores entorno. Se analiza el papel
de la creatividad y de la capacidad de percepción de oportunidades en el mercado
- la busca de "nichos" de mercado.
c) Escuela orientada a la
estrategia
En esta dirección se
investiga el proceso de planificación hasta desarrollos con éxito. En general,
las formulaciones estratégicas trabajan con el "apalancamiento"
(leveraging) de un elemento aislado: personal supercompetente, producto único,
recursos exclusivos, mercado únido.
4. Enfoques procesuales
En general, este enfoque
se centra en el punto de partida del emprender empresarial (start-up of a
venture). Hoy, el enfoque se centra en los llamados "procesos de
negocio" (Business Process) y requiere
un planteamiento multi-disciplinar. Se intenta así integrar aspectos
individuales utilizando diversos modelos.
Por ejemplo, en el
planteamiento de la evaluación de oportunidades (Ronstadt 1984) se identifican
factores relevantes cuantitativa, cualitativa, estratégica, y éticamente para:
empresario, empresa-riesgo, entorno. Los resultados del estudio se comparan con
las fases primera, mediana y final de la carrera del emrpesario.
En el planteamiento
multidimensional se acentúa la complejidad del sistema en su entorno.
En este enfoque se ha visto
que hay tres variables críticas:
a) individual
b) riesgo compartido
c) entorno
En la teoria de la
economia se distingue hoy entre cuatro tipos de emprendedores, según la función
dominante. Y asimismo, según dichas funciones resultan exigencias a las competencias
del empresario emprendedor.
a)
Función de
“rutina”: de asignación de recursos o factores de producción de valor (en
racionalidad económica)
b)
Función de
„Arbitrage“ o Función de coordinación en los mercados
c)
Función de
innovación or Función de recombinación de recursos (o factores de producción de
valor)
d)
Función de
Evolución o Funciones de desarrollo de competencias para la acción.
Estas funciones
suministran un cuadro conceptual que posibilita caracterizar distintos tipos de
emprendedor en los distintos sistemas parciales de la sociedad (política, economia,
religión, ciencia y tecnologia…).
Y a cada uno de los
enfoques o modos de observar la realidad de esas acciones del emprendedor
responde una distinta àlógica del emprender (en distintos horizontes de observación
teórica y también en distintas formas de observación de ls relaciones entre
esos sistemas organizados y el entorno).
a) El empresario rutinario
es el que responde a la concepción neoclásica de la teoría económica, es decir,
es un “homo oeconomicus“, que se acomoda a las limitaciones legales,
financieras, económicas. Entre sus
tareas centrales destacan el optimizar la asignación de recursos y maximizar
los beneficios. La finalidad de este comportamiento es el mantenimiento del
Status Quo. Este tipo de empresario contribuye a asegurar un futuro estable.
b) Por el contrario, la
función de Dagegen basiert die Arbitrage auf der Tauschlogik. Der Arbitrageur
konzentriert sich auf Differenzen: Er deckt bestehende allokative Diskrepanzen
auf oder verwirklicht Bewertungsunterschiede39. Basis der Arbitrage ist das Wahrnehmen
und Nutzen von Chancen, beispielsweise von Preisunterschieden, Wissen, knappen
Ressourcen. Das heißt, es geht um das Aufdecken von bereits bestehenden Dingen
und deren optimaler Allokation. Innovationen lassen sich durch diesen Prozess
nicht schaffen, bzw. laufen dem Arbitrageprozess zuwider: Die Konsequenz der
Arbitrage ist das Anpassen an Preise und Ausnutzen von Unterschieden. Dadurch
entfällt letztlich die in den Preisunterschieden enthaltene Information und bei
Unterschiedslosigkeit des Angebots kann das Verhalten der Markteilnehmer vorausgesetzt
werden. Ganz gegensätzlich verhalten sich Innovatoren: Sie verändern Prozesse,
Daten, Preise und führen so wieder zu den für den Arbitrageur grundlegenden
Bewertungsdiskrepanzen.
Zusammenfassend lässt sich
festhalten, dass die Input- und die Tauschlogik Gleichgewicht, Routine und
Wachstum favorisieren. Dagegen fördern die Innovations- und Evolutionslogik
Neukombination, Transformation und Kompetenzentfaltung.
Die „Entwicklungslogik“
analysiert das Unternehmertum als Träger einer innovativen Funktion. Ein innovatorischer
Unternehmer zeichnet
sich durch eine neuartige Rekombination der volkswirtschaftlich gegebenen
Mengen an Produktionsfaktoren aus40. Dabei kann sich die Neuheit auf die
Technik, das Produkt, den Markt, die Organisation oder die Beschaffungswege
beziehen, wobei der Mehrwert durch die qualitative Neukombination entsteht41.
Nach Schumpeter wird so die neoklassische Input-Output-Logik entkoppelt; der
nicht durch Input stimulierte Unternehmer
muss Entwicklungsprozesse autopoietisch42 erfassen. Dabei entstehen
Schwierigkeiten bei dem Verlassen des sicheren Terrains durch die
Nicht-Anwendbarkeit von routinierten one-best-way Erfahrungen. Das Bekannte
muss aufgegeben werden. Zusätzlich stoßen Veränderungen immer wieder auf
Widerstände. Der Innovationsunternehmer wird bei der Neukombination gegebener
Mittel irgendwann an Effizienz- und Effektivitätsmaxima stoßen und keinen
Nutzenzuwachs mehr generieren können. Um weitere Innovationen hervorbringen zu
können wird er evolvieren und den Übergang von Innovations- zum
Evolutionsunternehmer schaffen müssen.43
Die
Evolutionslogik analysiert die Entfaltung von Fähigkeits- und
Reflexionspotentialen. Evolutorische Unternehmer entwickeln autopoietisch die Kompetenzen zur
Erfüllung der unternehmerischen Funktionen (Allokation, Koordination und
Entwicklung). Dabei sind Evolution und Innovation, Arbitrage und Routine durch Lernen verknüpft.
Die Kompetenzen der Vorstufen werden jeweils eingeschlossen. Der für das
evolutorische Lernen charakteristische Erwerb von Fähigkeiten geht über das
reine Fachwissen hinaus44. Rassidakis versteht darunter eine Steigerung der
eigenen Komplexität, die in einer Verbesserung der eigenen Fähigkeiten resultiert45.
Es kann als Lernen zu Lernen bezeichnet werden. Grundlegende Vorraussetzung
dafür ist, dass die unternehmerische Fähigkeit zur Innovation nicht genetisch determiniert, sondern
erlernbar, trainierbar ist.
[1] Röpke, J.
(2002a), S. 8
[1] Röpke, J. (2002a),
S. 8f.
[1] Vgl. dazu ausführlich
Röpke, J. (2002b), S. 3, S. 242, S. 175
[1] Röpke, J. (2002b), S.
73f.
[1] Nach Schumpeter kann
ein Unternehmer nicht gleichzeitig allokations- und innovationseffizient
arbeiten, da Innovationen zeitweise die Effizienz einschränken. Das heißt es
besteht ein Konflikt zwischen Optimieren und Innovieren, der sich mit den
Schlagwörtern Effizienz vs. Effektivität zusammenfassen lässt.
36 Röpke, J. (2002a), S. 9
37 Autopoiese, aus dem griechischen Wörtern auto (=selbst) und poiein
(=schaffen, erzeugen) kann mit Eigenerschaffung oder Selbsterschaffung
übersetzt werden. Vgl. Rassidakis, P. (2001) S. 1
38 Rassidakis, P. (2001), S. 81
[1] Röpke, J. (2002b), S.
87
[1] Rassidakis, P.
(2001), S. 1
[1] Röpke, J.
(2002b), S. 89
[1] Röpke, J. (2002a),
S. 2
[1] Röpke, J
(2002b), S. 261ff.
[1] Rassidakis, P.
(2001), S. 27 ff., Röpke, J. (2002b), S. 273 ff.
[1] Röpke, J.
(2002b), S. 275
[1] Röpke, J.
(1998), S. 149; (2002b), S. 289
[1] Unternehmer operieren
auf verschiedenen Ebenen des Lernens, die jeweilige Ebene ist durch seine
Funktion festgelegt.
[1] Röpke, J.
(2002b), S. 66
[1] Röpke, J.
(1998), S.15f.
[1] Röpke, J. (1998), S. 16
La ambivalencia implicada
en la posición del responsable superior de una firma se manifiesta no sólo en
sus oportunidades creativas, sino también en los aspectos negativos que una
actividad decisional puede ocasionar.
* Necesidad de control: El
empresario no afronta el riesgo como un jugador, sino intenta reducir márgenes
de incertidumbre y posibilidades de fracaso. Para ello intenta controlar su
destino. Pero la obsesión por el control puede conducir a una
superestructuración - burocratización.
* Recelos, desconfianza:
al anticipar desarrollos que otros verán demasiado tarde, el emprendedor puede
llegar a centrarse en cosas triviales, perder el sentido de la realidad, y
distorsionar su propia lógica de la acción.
* Deseo de éxito: en el
mismo deseo de triunfar hay un germen insano: el peligro de sobreponer lo individual
al éxito del sistema.
* Optimismo externo: puede
llegar a distorsionar la percepción de
riesgos, hechos y conducir a la ilógica conclusión de que todo terminará,
automáticamente, bien.
* Estrés: provocado por la
soledad, dedicación exclusiva al negocio, problemas con los colaboradores u
otros, y necesidad de triunfar.
Pinchot (1985)([25]
ha acuñado el término 'intrapreneur'
(contrapuesto al de 'enterpreneur') para designar aquella actividad ejercida en
el interior de una firma donde los individuos más innovadores (intrapreneurs)
funcionan de forma similar a la descrita por Schumpeter en el empresario
innovador: lideran la introducción de nuevas ideas para aprovechar ventajas de
competitividad y beneficios para el sistema en que trabajan.([26]
En los últimos años,
muchas corporaciones han trabajado para aprovechar este dinamismo y capacidades
individuales en favor de la innovación y del éxito empresarial institucionalizando
esta forma de actividad. Muchas veces esto ha supuesto lanzar empresas de
capital riesgo (como filiales, o con alianzas estables a la firma madre o nodriza).
Es evidente que tal reconfiguración implica el cambio, radical, de formas
habituales de organización.
En una línea similar se trabaja
hoy sobre las "competencias clave" (core competences) en la llamada
"empresa como sistema de conocimientos" con empleados considerados
como "knowledge workers" (Ver tema: Conocimientos y Empresa).
Al planificar una
estrategia se pueden dar los siguientes pasos:
1) Configuración del
horizonte se sentido de la actividad empresarial. Visión de la innovación.
Partiendo del hecho de que la actividad del emprender resulta de la creatividad
de los participantes en el sistema, es preciso que éstos conozcan bien y
comprendan el sentido de la visión. Debe empezarse por una "visión
participada". Eso implica a su vez identificar objetivos de las
estrategias empresariales, y también identificar qué programas podrán conducir
a su realización.
2) Selección de una estrategia
interna para promover la innovación entre los empleados, como elemento clave en
todo el proceso.
3) Organizar "equipos
emprendedores" ("venture teams"). Se trataría aquí de equipos autogestionados,
"fractales", orientados a altos rendimientos (como deportistas
entrenados para la Olimpiada). Y aquí se debe recordar que la
"intra-empresariedad" es muchas veces más eficaz que esperar que el
propietario tenga tales iniciativas. En la empresa moderna centrada en el
conocimiento, es básica esta promoción interna mediante estos equipos -
institucionalizados quizá en "joint-venture" configurando una firma
nueva.[27]
Estrategias empresariales
La mayoría de los casos de
las 'estrategias estructurales' se refieren a la implementación de una
concepción empresarial evolucionista o revolucionaria sobre el nexo de la firma
a su entorno en una nueva firma. Ésta no está pues ligada a cargas del pasado
ni sujeta a estrechos moldes en la forma de concebir y configurar su trabajo.
Así pueden empezar a explotar oportunidades innovadoras: Bill Gates en Microsoft
con los programas para Pcs, Fred Smith en Federal Express (una mensajería
modelo que ha recibido incluso el Malcolm Baldridge Quality Award - el Nobel de
la Calidad en América) aprovechó las ventajas de una logística racional para
competir con el servicio estatal de correos, etc. Ruth Owades en Calyx y
Corolla supo aprovechar las ventas por correspondencia - ignorando ciertas reglas
convencionales que impedían cooperar con los competidores. Para crear estas
estrategias de partida son precisos varios factores:
Auto-Conocimiento
etc
(Ver Picot et al. 1996)
La crítica de la
interpretación de la teoría neoclásica del equilibrio se centra en la forma de
haber abstraído y reducido los elementos y factores considerados como
esenciales en la praxis dejando fuera de su campo de observación la dimensión
informacional y comunicacional, el dinamismo innovador y el factor "management"
- u "organización".
Junto a estos
"olvidos" se critica en el modelo su presunción de que el mecanismo
de precios en el mercado es el único factor realmente activo en la
configuración del sistema económico.
---------------------------------------------------------
¿ Qué es lo que realmente
asignamos al predicar que un colectivo humano es una "empresa"?
¿El contrario a la empresa
es el "mercado"?
¿El sistema económico
autopoiético se compone sólo de pagos y cobros, etc. es decir de un perpetuum mobile
de operaciones financieras, o abarca otros factores como dominio, confianza
....?
No hay sistemas pero
tenemos que pensar en sistemas...
Sistema económico:
(desde el observador y sus
filtros...)
Visión restringida: no
existe otra magnitud relevante que la operación con dinero (Dinero es Medium),
técnicamente el sistema funciona para optimizar esos flujos....
fuerza, energía motriz
sobre los agentes de decisión económica: maximizar beneficios
propios (según A. Smith),
o "satisfacer necesidades" a cambio de-
Pero las necesidades
serían factor del entorno, que en acoplamiento estructural suponen un elemento
informacional a elaborar ...(en visión sistema cerrado )
o son parte del
"sistema de creación de valor" (visión ampliada: en el fondo Smith
quería también crear semejante valor: bienestar de todos...)
Condiciones-reglas
constitutivas y reglas de ejercicio:
competencia libre, cumplir
los contratos (pacta sunt servanda)...
1) de bienes elementales,
de reproducción y mantenimiento humano. Bienes de subsistencia: gestión en el
Oikos-nomos - o de servicios elementales
2) de bienes de
intercambio superfluo: el mercado crea la necesidad... el sistema de pagos por
dinero se ha diferenciado, existen concentraciones de dinero que permiten satisfacer
tales lujos... o de servicios extra
3) de bienes de inversión
o de producción de nuevos bienes... energía, materiales elaboradas o servicios
especiales: trabajo especializado...
Las necesidades de los
bienes 1) y 2) dependen del "gusto" (componentes subjetivas, influíbles
cultural y comunicacionalmente...) del consumidor
La función de utilidad por
gusto .... la función de utilidad por técnica activada ...
El influjo del mercado
sobre técnica y gusto transforma así necesidades indeterminadas en demanda
determinada económicamente - de forma parecida como la decisión transforma
peligros en riesgos (o posibilidades positivas en oportunidades).
|
|
factor originario:
existencia de |
factor transformante:
"decisión" |
|
horizonte observación: sistema propio en relación al futuro |
peligro |
riesgo |
|
horizonte observación:
relación sistemas = propio y de mercado |
necesidades |
Demanda |
El mercado se constituye
por "observación" sobre
"posibilidades de acción" o por parte del comprador, o por parte del
vendedor.
Un sistema se
auto-configura adjudicándose un marco de referencia, un campo de sentido, en
que las acciones de sus miembros pueden obtener también la orientación y
sentido que posibilita que los resultados de esas acciones contribuyan a la
actividad del sistema total.
|
Estatuto jurídico del
empresario: Empresario individual, Sociedad Civil y Comunidad de Bienes |
En: González
Barriga, J.R. (2001): "Estatuto jurídico del empresario: Empresario
individual, Sociedad Civil y Comunidad de Bienes", [en línea] 5campus.com,
Derecho Mercantil <http://www.5campus.com/leccion/der014>
1.- Empresario individual:
Capacidad legal (libre
disposición de los bienes),
Ejercicio habitual de la
actividad empresarial, y
Ejercicio de la actividad
empresarial en nombre propio.
Las personas físicas, por
regla general, consiguen la capacidad de obrar cuando alcanzan la mayoría de
edad (18 años en el Derecho Común español).
b) En cuanto al EJERCICIO HABITUAL DE LA
ACTIVIDAD EMPRESARIAL hay que significar que un acto mercantil aislado no
presupone dicho ejercicio habitual.
Fuente: José Ramón
González Barriga jrgoba@teleline.es
Texto: http://ciberconta.unizar.es/LECCION/der014/100.HTM
Manuales:
M. BROSETA PONT
F. VICENT CHULIÁ
Unternehmer ist, wer eine nachhaltige Tätigkeit zur Erzielung von
Einnahmen, auch wenn die Absicht, Gewinn zu erzielen fehlt, selbständig ausübt.
ist, wer schließt im Gegensatz zum BGB nicht nur rechtfähige Personen mit
ein (natürliche u. juristische Personen sowie Personengesellschaften), sondern
auch nichtrechtsfähige wie z.B. eine Erbengemeinschaft deren Rechtsfähigkeit
noch nicht bestätigt ist.
nachhaltig impliziert die Wiederholungsabsicht(jmd. der seine
Briefmarkensammlung einzeln über 2 Jahre verteilt verkauft, ist kein
Unternehmer, weil er, wenn alle verkauft sind, aufhört. Kauft er jedoch gezielt
Briefmarken um seine Sammlung zu komplettieren und somit ihren Wert beim
Verkauf zu steigern, handelt es sich um einen Unternehmer).
ohne Gewinnerzielungsabsicht (im Gegensatz zum EStG).
Hingegen die Kriterien im Einkommensteuergesetz (§ 15 Abs. 2):
Eine selbständige, nachhaltige Betätigung
mit der Absicht Gewinn zu erzielen
Beteiligung am allgemeinen wirtschaftlichen Verkehr
(gilt für natürliche und juristische Personen sowie Personengesellschaften)
[1] Véase Diccionario de la Real Academia Española
en: Nuevo Espasa Ilustrado (2001); Diccionario Enciclopédico. Espasa.
[2]
[3] Hoselitz (1950), pp. 194-195, 198 y 200-205;
Redlich (1949); Aymard (1991), pp.
791-795 y Mathias (1991), pp. 29-31. El escolástico San Antonio de Florencia distinguía entre la industria
del hombre de negocios y la labor del obrero. George Ramsay (1800-1871) empleó
la palabra master en vez de entrepreneur. En Alemania el término utilizado
desde finales del siglo XVIII para designar a un empresario es el de untermehmer,
Schumpeter (1994) pp. 618-620. La acepción francesa es la que ha pasado al
italiano, véase Aymard (1991), y al castellano (el Diccionario Casares define
al empresario como “Persona que por concesión o por contrato ejecuta una obra o un servicio público”).
[4] Pinchot, G. (1985): Intraprenering. New York:
Harper & Row. Este bestseller difundió el concepto y despertó el
interés por este tema.
[5] Stevens, Paul (1996): Artículo "Entrepreneurship"; en la Enciclopedia de Management de Routledge, pp. 1224 ss.
[6] Véase R. Cantillon (1950); Ensayo sobre la naturaleza del comercio en
general, Fondo de Cultura Económica, México (primera versión en inglés de
1730).
[7] Véase Juan Bautista Say (1830); Tours complet d’éconmie politique, Paris.
[8]
Véase Mill, J.S. (1951); Principios de Economía Política, F.C.E. (traducción de
la edición en inglés hecha por W. Ashley en 1909, la original data de 1848).
México.
[9] Hoselitz (1950), pp. 208 y 214; Mathias
(1991), pp. 38-39; Aymard (1991), pp. 797-798; y Santos Redondo (1997), pp.
24-26
[10] Knight (1921), p. 25.
[11] Véase Adam Smith (1958); Naturaleza y causa de la riqueza de las naciones, Fondo de Cultura
Económica, México. (primera versión en inglés de 1776).
[12] Antes que Smith, los fisiócratas habían
llevado a cabo una identificación similar, Santos Redondo (1997), pp. 31-32.
[13] Véase González, M.J. (1995); “La empresa en la
historia del pensamiento económico”, en LLORDE (comp.), pp.15-28
[14] Véase Kirzner (1979); Perception, Opportunity,
and Profit. Studies in the Theory of Entrepreneurship.
[15]Véase
Blaug (1986), “Entrepreneurship Before and After Shumpeter”, p.221.
[16] Santos Redondo (1997), pp. 38-39 y 43. subraya
este autor que a pesar de la obsesión de Smith por diferenciarse de Mandeville,
el autor de la fábula de las abejas subtitulada “vicios privados, virtudes
públicas”, las diferencias eran sólo de grado, ibidem, pp. 40-42.
[17] Economista de EE.UU., representante de la
denominada escuela marginalista americana, dirigió la revista “Political
Science Quarterly. Sus obras fueron: Distribución
de la riqueza (1899) y Fundamentos de
teoría económica (1907).
[18] Los entrecomillados de Marshall proceden de
Torrero Mañas (1996), pp. 425-426.
[19] Ver Schumpeter, J.A. (1963); Teoría del desenvolvimiento económico, Fondo
de Cultura Económica, México (primera versión en alemán de 1911). J.A.
Schumpeter (1968); capitalismo,
socialismo y democracia, Aguilar, Madrid (primera versión en inglés de
1942).
[20] Véase H. A. Simon (1964); El comportamiento administrativo, Aguilar. Madrid (primera versión en inglés de 1947).
[21] Véase R.M. Cyert y J. C. March (1965) ; Teoría de las decisiones económicas en la
empresa, Herrero Hermanos, México (primera versión en inglés de 1963). J.K.
Galbraith (1969); El nuevo estado
industrial, Ariel, Barcelona (primera versión en inglés de 1967).
[22] Véase J. K. Galbraith (1984); La anatomía del poder, Plaza y Janés,
Barcelona (primera versión en inglés de 1983).
[23] Véase W. G. Bennis y E. H. Schein (1965); Personal and Organizational Change Through
Group Mtethods, John Wiley, Nueva York.
W. G. Bennis (1983); “ The artform of leadership”, en S. Srivastva: The Excutive Mind, Josey-Bass, San
Francisco. E. H. Schein
(1988); La cultura empresarial y el
liderazgo, Plaza y Janés, Barcelona (primera versión en inglés de 1985).
[24] Véase H. Mintzberg (1983); La naturaleza del trabajo directivo, Ariel,
Barcelona (primera versión en inglés de 1973).
[25] Pinchott, G. (1985): Intrapreneuring. New
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[26] Frontiers of Entrepreneurship Research
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